La diversidad religiosa en las aulas

 

En nuestra casa, los datos [1] nos indican que hay una mayoría de personas que se declaran católicas (58%), aunque de estos menos de la mitad se consideran practicantes (47,1%). También hay un grupo importante de personas que se sitúan al margen de la religión y se declaran agnósticas o ateas (28%). Y hay una presencia significativa de otras religiones: Islam (4,8%), cristianos evangélicos (3%), budistas (1,3%) y cristianos ortodoxos (0,9%).

La religión católica, pues, está bastante presente cuando se habla de creencias, aunque no tanto cuando se investiga la práctica religiosa. Igualmente, es importante el número de personas claramente no religiosas. Y aparecen otras religiones con un arraigo significativo.

En cuanto a los católicos, hay que indicar también que dentro del mismo catolicismo hay varias sensibilidades, ya sea de grupos más conservadores o menos, ya sea de creyentes europeos o de creyentes procedentes de otros continentes y culturas.

Un entorno diverso

Vivimos en un entorno social diverso y variado, no sólo en cuanto a la religión, también en cuanto a la cultura. La globalización de ideas y costumbres -por la facilidad de comunicación- y los movimientos migratorios lo han facilitado. Dentro de las escuelas se vive también esta diversidad y es imprescindible aprender a convivir con ella.

En algunas escuelas la diversidad es evidente y, en cambio, en otras, puede parecer que esta diversidad es un tema menor. A menudo, las escuelas situadas en barrios o pueblos de fuerte presencia de inmigración se han encontrado con el reto diario de convivir y han desarrollado proyectos concretos para gestionar la diversidad religiosa. Ahora bien, hay que decir que las escuelas donde la presencia de costumbres y religiones diversas no es tan notoria, educar para convivir en la diversidad es igualmente un reto ineludible en el momento de plantear la educación actual, y más aún la educación religiosa.

Hay que evitar la visión simplista que cree que la diversidad religiosa está únicamente relacionada con la migración, como si la única causa de la variedad de ofertas religiosas fuera la presencia de personas que practican una religión diferente de la nuestra. Ya hace tiempo que nuestra sociedad, tradicionalmente católica, también se ha dispersado o diversificado por sí misma en múltiples opciones religiosas. Ya hemos comentado la diversidad de sensibilidades dentro del mismo catolicismo, pero es también dentro de la sociedad occidental que se han desarrollado opciones religiosas de carácter crítico como el ateísmo, y el agnosticismo, muy poco habituales entre los inmigrantes que vienen de otros continentes.

Hay pues diversidad religiosa producto de la inmigración, pero también de corrientes filosóficas y de nuevos valores surgidos dentro de nuestra cultura. Podríamos decir que hay causas externas de la diversidad, y también internas. Un buen ejemplo es la presencia del Budismo aquí. La presencia del Budismo en Europa, y Norteamérica, no es el resultado de ninguna migración sino del interés de muchos pensadores del siglo XIX por las religiones orientales que no ha parado de aumentar desde entonces y se ha extendido en muchas personas inquietas y deseosas de novedades.

Hay que estar muy atento: presentar, seguramente sin mala intención, la diversidad religiosa solo como el resultado de la inmigración no es exacto. Aunque es bueno reconocer el enriquecimiento que supone aceptar nuevos puntos de vista, no se puede cargar sobre los inmigrantes la responsabilidad de haber desdibujado una supuesta unidad religiosa en torno al catolicismo, o las tensiones que la diversidad frecuentemente también implica. Cabe decir que es muy peligroso simplificar esta cuestión y abordar la diversidad religiosa solo cuando la presión social nos obliga, cuando hablamos de inmigración.

Una visión religiosa hecha de recortes

El conjunto de conceptos y creencias que conforman la visión religiosa de muchas personas de hoy no tiene un único origen: sobre una base más o menos católica, se pueden haber añadido conceptos evangélicos procedentes de la cultura norteamericana, algunas nociones procedentes del hinduismo y el budismo -como la reencarnación- y no es extraño encontrar algún elemento simbólico sacado de los pueblos primitivos.

La diversidad no está fuera, está dentro de la persona. No hay un pensamiento fuerte o una cultura dominante que imponga su visión del mundo de una única manera y, en cambio, sí que hay una gran oferta de ideas felices y propuestas sugerentes de las religiones más diversas que cada cual puede hacer suyas. Se puede elegir qué se quiere conservar y qué se quiere apartar, lo que no interesa o incomoda. Y como resultado de todo esto, en cada persona conviven ideas de procedencias variadas, organizadas a su manera.

Es muy importante darse cuenta que nuestros alumnos, incluso los alumnos de las escuelas cristianas, han incorporado a su visión del mundo, elementos de otras religiones. Con la misma facilidad que todo el mundo podía entender un chiste sobre el cielo o el purgatorio hace cincuenta años, hoy se puede hablar del karma o del mes del Ramadán sin ninguna dificultad de comprensión.

Y, sobre todo, hay que insistir que la mayoría de estos conceptos no son simples ideas teóricas de carácter neutral, sino que herramientas que sirven para plantearse preguntas profundas sobre el sentido de la vida, la forma de relacionarse con los otros, la manera de estar en el mundo. Tuve un alumno que suspendía los exámenes teóricos sobre el Budismo y el Hinduismo, pero en cambio, en algún debate de clase sobre cuestiones de ética era capaz de usar el concepto de karma correctamente para construir su argumentación. Esta podría ser una forma rápida de explicar la diferencia que hay entre entender conceptos teóricos y usar herramientas para profundizar en la reflexión personal.

En cuanto a la educación la diversidad no es mala, el peligro es ignorarla. Y hay que añadir que también son imprescindibles para educar una visión religiosa mínimamente madura las perspectivas críticas, tanto como  la postura anti-religiosa del ateísmo, o la duda voluntaria del agnosticismo.

[1] Según el Barómetro sobre la religiosidad y sobre la gestión de su diversidad 2016 de la Generalitat de Cataluña, encuesta realizada a personas mayores de 16 años.

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Oriol Ràfols Rubires

Oriol Ràfols Rubires (Barcelona 1966), licenciado en filosofía por la UAB y diplomado en teología por el Iscreb,  profesor de religión y de filosofía en secundaria y profesor del DECA en el Iscreb.

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