Un cristiano entre musulmanes: Marruecos

El P. Simeon Czeslaw Stachera da el testimonio de su experiencia pastoral en el Cottolengo del Padre Alegre

El Padre Simeon Czeslaw, vicario general de la archidiócesis de Tánger y director nacional de las Obras Misionales Pontificias de Marruecos ha dado su testimonio en el Cottolengo del Padre Alegre. “Yo quiero ser misionero de la misericordia”, explicaba. Un cristiano entre musulmanes explica su experiencia de convivencia entre religiones en la cuna del Islam.

Un regalo en el centro del Islam

El P. Simeon es de Polonia e, iniciando su vocación religiosa en la vida franciscana, empezó sus obras misionales en Marruecos. Uno de los aspectos más bonitos de su vocación, destacaba es que “en el centro del Islam puedo hacer a Jesús Eucarístico, este es el gran regalo”.

Además, el Padre contaba la prohibición del país de hablar de Jesús públicamente. Sin embargo, él no lo veía como una dificultad, sino al contrario ya que, como dice el papa Francisco, “evangelizar no es hacer proselitismo”. Así, explicaba, “la gente si se encariña del cristianismo es por el Amor, viviendo el Evangelio, con acción y alegría”. Sin embargo, el sacerdote tiene fe en que “algún día llegará la libertad religiosa, la libertad de conciencia plena”, contando la realidad de los cristianos que viven en catacumbas.

Amar conociendo

“Lo que no conoces, no lo amas”, decía el Padre Simeon. Es por este motivo que él, al llegar, hizo un ejercicio de aprendizaje de la religión musulmana para ver cómo aman a Dios, para aprender de ellos. Comentaba los valores que tienen, el cuidado de la familia. Así, “Cristo es mucho más de lo que nosotros vivimos, no preguntamos en qué cree la gente, sino cómo está, como se encuentra”, añadiendo que “el Evangelio es la religión de los hombres”. “Una Iglesia samaritana”, añadía, que rompe con todos los prejuicios que se pueden tener del Islam, pues es un país donde se vive la “fraternidad”.

También hizo referencia al trato que tiene con los refugiados del país. “Abramos las ventanas a quien no les pueden abrir”, tratando, por la línea que permite la legislación del país, ayudar. Una frase que golpeó las conciencias de todos los presentes, y es que “nos encontramos ante el cementerio más grande del Mediterráneo”.

“El Espíritu de Dios no tiene límites, es como el Amor”. Un amor que, según añadía el Padre, “se encuentra en el cielo de Marruecos”, pues “es en la pobreza donde se encuentra la sonrisa más pura y verdadera”. Así, felicitó la labor del Cottolengo, centrada en la esencia del ser, que es su humanidad, la mirada de igual a igual hacia el otro.

Ayuda a la Iglesia Necesitada

Hay muchos cristianos que sufren”, explicaba el Padre Simeon. Es por esto que Ayuda a la Iglesia Necesitada es una Fundación Pontificia que sirve a la Iglesia en su labor evangelizadora, prioritariamente en las comunidades más necesitadas, discriminadas o perseguidas. Se puede colaborar con la entidad para que puedan sobrevivir, formarse, vivir la fe en comunidad, con material catequético, medios de comunicación o material para evangelizar.

“Ayuda a la Iglesia Necesitada asiste a países donde Jesús muere en calvarios de nuestro tiempo. Con su trabajo es capaz de aliviar sus vía crucis como lo hicieron la Verónica y Simón de Cirene, y acompañarles al pie de la cruz como María y Juan”, explica el P. Werenfried van Srtaaten.

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