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Puerta siempre abierta

Una Iglesia, lo decía san Juan XXIII, que es como la fuente de la plaza del pueblo a la que siempre acudimos a mitigar nuestro cansancio y a saciar la sed. «Venid a mí...», dice siempre Jesús

Un domingo al atardecer, después de la última celebración de la Eucaristía y a punto de cerrar la iglesia. Sobre la puerta habíamos colocado un cartel que anunciaba estas palabras de Jesús: «Yo soy la puerta.» Un joven con serios problemas personales y familiares se acerca, entra y me dice: «Se me han cerrado todas las puertas, nadie me acoge, nadie me quiere; pasaba por aquí y cuando he leído estas palabras de Jesús he pensado que esta puerta estaría abierta y que no se me cerrará, y por eso he entrado.» Después de acogerle, hablar con él un largo rato, acompañarlo a cenar y buscarle un sitio para pasar la noche, entendí mejor qué quería decirnos Jesús a nosotros, su Iglesia.
Así nos lo dice: «Yo soy la puerta. El que entre pasando por mí estará a salvo, y podrá entrar y salir y siempre encontrará pastos.» Es la oveja que busca el pastor, que necesita su compañía y el alimento que le proporciona. Una oveja que también necesita el rebaño para compartir sus problemas y vencer la soledad. Nuestra vida es un constante retorno. Cuando hemos querido encontrarnos con Jesús, se nos dice: «Ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas.»
Por eso, toda la labor de la Iglesia, a ejemplo de Cristo, deberá ser «pastoral», es decir, al estilo del Pastor, del Buen Pastor. Una Iglesia digna de aquel que es su «puerta» y que también se siente llamada a serlo ella misma con una nueva forma de acoger, de escuchar, de comprender, de amar, como Jesús. Una Iglesia, lo decía san Juan XXIII, que es como la fuente de la plaza del pueblo a la que siempre acudimos a mitigar nuestro cansancio y a saciar la sed. «Venid a mí…», dice siempre Jesús.
Una Iglesia «en salida» —dice el papa Francisco— es una Iglesia con las puertas abiertas, que está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre. Por eso, si alguien quiere seguir una moción del Espíritu y se acerca buscando a Dios, no se encontrará con la frialdad de unas puertas cerradas, las puertas del templo, pero sobre todo las puertas del corazón.
 
Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona y
Administrador Apostólico de Mallorca

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