Persona, comunidad, diálogo, solidaridad y paz

Reflexión del obispo Sebastià Taltavull con motivo de la última conferencia del papa Francisco sobre el futuro de Europa y sus posibles riesgos

Estos son los términos con los que el papa Francisco se ha dirigido a los participantes de la Conferencia «Repensando Europa», en un momento donde la contribución cristiana tiene un importante papel para el futuro de este continente de raíces cristianas. Francisco se pregunta cuál es nuestra responsabilidad en un tiempo en el que el rostro de Europa está cada vez más marcado por una pluralidad de culturas y religiones, mientras que para muchos el cristianismo se ve como un elemento del pasado, lejano y ajeno.

La referencia a san Benito nos introduce en un nuevo concepto de «persona» creada a imagen de Dios. Por eso, la mejor contribución que los cristianos podemos hacer a la Europa de hoy es recordar que no se trata de una colección de números e instituciones, sino de personas. A menudo cualquier debate se reduce a una discusión de cifras; no hay ciudadanos, hay votos; no hay inmigrantes, hay cuotas; no hay trabajadores, hay indicadores económicos. Reconocer que el otro es ante todo una persona significa valorar lo que me une a él y nos hace ser «comunidad». Es en el ámbito de las relaciones interpersonales donde cada uno descubre su rostro, comprende su identidad.

Ahora bien, la relación entre personas queda dignificada especialmente por el ejercicio del «diálogo» familiar, religioso, cultural y político. Sin embargo, los gritos de las reivindicaciones sustituyen a menudo la voz del diálogo, el bien común ya no es el objetivo, peligra la convivencia y se da vía libre a la hegemonía del poder que impide una verdadera vida democrática. Por eso, los cristianos estamos llamados a dar una nueva dignidad a la política, entendida como máximo servicio al bien común y no como una ocupación del poder.

El paso siguiente es trabajar por una comunidad inclusiva capaz de edificar un espacio de «solidaridad», basándonos siempre en el precepto del amor (cf. Mt 22,37-40). Esto significa cuidar de los más débiles de la sociedad. Entonces, la «paz», siempre creativa, será el resultado y, al mismo tiempo, el camino, hasta hacernos promotores de una cultura de la paz.

Sebastià Taltavull
Obispo auxiliar de Barcelona,
administrador apostólico de Mallorca y
obispo electo de Mallorca

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