El obispo Sergi bendice los nuevos columbarios

El obispo auxiliar remarca el hecho de "ver la vida como una peregrinación" y "con esperanza"

El pasado domingo el obispo auxiliar de Barcelona, Mons. Sergi Gordo bendijo los nuevos columbarios de la parroquia Sant Ramon de Penyafort. Fue un encuentro que reunió los fieles de la parroquia. Así, también participaron los familiares de los difuntos que descansan en el templo. Se dio un agradecimiento especial al rector de la parroquia, Mn. Ramon Batlle, además de los técnicos y trabajadores del Arzobispado de Barcelona. Estos, pues, son los que han reconstruido este espacio vertical donde se depositan las urnas cinerarias dentro de la parroquia.

La paradoja cristiana

En sus palabras, el obispo auxiliar remarcó que, a pesar de tratarse de un lugar relacionado con la muerte, “todos los mensajes son de vida”. En este sentido recordó cuando Jesús decía, “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan, 11:25). Además, se refirió a la «paradoja que vivimos los cristianos». Es decir, «cuando nos referimos a nuestros hermanos difuntos – explicaba el obispo – pensamos en la vida eterna”. «De este modo, en el camino cristiano se invita a una visión de esperanza«, añadía el obispo.

En esta línea, ejemplificó el caso del papa san Juan XXIII. Según expuso, cuando se supo que se estaba muriendo, fue un gran motivo de tristeza para toda la Iglesia. «Ahora bien, en contrapartida, -decía el obispo- el Santo Padre respondió: me acaban de dar la mejor buena noticia, puesto que me voy a la casa del Señor”. Así pues, remarcó el hecho de «ver la vida como un peregrinaje”.

Una vida nómada

En relación a la vida católica, Mons. Gordo remarcó el hecho de que “la vida del cristiano es la de nómada». «Somos nosotros el camino y recibimos el abrazo del Señor”, dijo el obispo. También, a modo de ejemplo, se refirió a las palabras de santa Teresa de Jesús: “Vivo sin vivir en mí 
y tan alta vida espero, que muero porque no muero”. De lo contrario, tomó las palabras de santa Teresa de Lisieux, “yo no muero, yo espero la vida”.

Para acabar su discurso, el obispo Sergi pidió que “el Señor nos dé esta nueva mirada”. Propuso esta demanda especialmente en esta semana en que se empieza la fiesta de los difuntos. Después añadió que, a pesar de que el cardenal Juan José Omella no se encontraba presente, les llevaba «felicitaciones por este nuevo espacio lleno de plegaria y de recuerdo a los hermanos difuntos».

Una Iglesia de cambio

Por otro lado, en sus palabras, el obispo hizo referencia a la adaptación de la Iglesia a los nuevos tiempos. “La incineración, anteriormente, se podía ver con cierto recelo. – explicaba- la Iglesia no está al margen de nuestra sociedad, está en medio de nuestro mundo». «Así, vemos que las personas piden ser incineradas”. En este sentido, explicó que, a pesar de que “todo va a su ritmo, es importante mantener los cuerpos guardados en un lugar sagrado”.

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