La cruz de Camboya inicia la Cuaresma

La Sagrada Familia acoge a los jóvenes de la diócesis para celebrar el acto de «Sent la Creu», este año con el testigo de las víctimas de minas antipersona

Fotografía: Dr. Guillermo Simón

La cruz de Camboya ha dado al inicio de la Cuaresma. La basílica de la Sagrada Familia acogió los jóvenes feligreses para celebrar el acto de «Sent la Creu». Empieza un periodo de reflexión y penitencia que acabará con la llegada de la pascua. Cuatro semanas que han empezado con la adoración de una cruz muy especial, con un significado profundo. La «Cruz de Cristo Mutilado» es aquella que atiende a las víctimas de minas antipersonas.

El Cardenal Omella presidió la celebración, acompañado de sus obispos auxiliares. También del jesuita asturiano Enrique Figaredo, SJ, prefecto apostólico de Battambang. El conocido como «obispo de las sillas de ruedas» nos dedicó un pequeño rato para acercarnos el suyo testimonio.

El testigo de Mons. Enrique Figaredo, SJ

Las palabras de Mons. Figaredo nos han permitido ver realidad del país asiático. Nos ha explicado el origen de las sillas Mekong. No solo unas sillas de madera, hechos por los mismos habitantes de Camboya. También una nueva oportunidad para reencontrar la ilusión perdida con el estallido de una bomba. Gracias a estas sillas de ruedas, los camboyanos pudieron volver a sonreír. Mons. Figaredo hace 34 años que se dedica a la misión, un trabajo constante. Un trabajo de 24 horas que comporta dedicar cuerpo y alma a un proyecto que ha acabado siendo su vida.

La pérdida, una oportunidad de vida

La cruz de Camboya representa a «Cristo sin pierna». Una referencia directa al mal que han hecho las minas antipersona. “Cristo mutilado nos habla de un cristo roto por la falta de amor. También nos habla del sufrimiento humano y divino”. Así explica Mons. Figaredo su visión sobre la Cruz de Camboya. Una cruz que gracias a mucho trabajo ha llevado a transformar la pérdida en una oportunidad. Por lo tanto, el acto ha puesto de relieve la pérdida como una oportunidad de vida y luz.

Finalmente, todos los jóvenes asistentes han podido adorar esta cruz. Una adoración que ha servido para entregar sus pérdidas y, así, sanar sus heridas.

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