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El manto de San Francisco visita Barcelona

Barcelona acoge el encuentro europeo de frailes capuchinos con la espectacular procesión de la reliquia del 'pobrecito de Asís' custodiada en París

Este primer fin de semana de mayo, la diócesis de Barcelona ha acogido el encuentro europeo de frailes capuchinos de San Francisco de Asís. En este contexto, se citó a los representantes de los capuchinos y a la feligresía a una vela en la iglesia de Sant Jaume. La celebración contó con la colaboración y presencia de la Delegación de Juventud del Arzobispado de Barcelona, ​​de la mano de Mn. Bruno que presidió la adoración eucarística.

La vela se desarrolló en torno a la preciada reliquia de San Francisco “visitaba” en la Ciudad Condal. Se trata del mismo manto con que San Francisco de Asís se entregó a la Iglesia para su servicio exclusivo. También, el mismo manto que el Santo regaló a Santa Isabel de Hungría y que tras muchas vicisitudes históricas, conservan los frailes de París.

Procesión por la ciudad condal

Tras la vela, se inició una procesión formada por los jóvenes y devotos del “pobrecito de Asís”. Con ellos caminaban también, unos cuarenta capuchinos de varios países encabezados por el vicario general de la Orden, fray Stefan Kozuh, por el consejero general fray Pio Murat, y por el provincial de Cataluña, fray Eduard Rey. Con la luz de velas y en medio de cantos religiosos, dirigieron la ruta hasta la iglesia de Santa Ana.

Durante el trayecto, se detuvieron a San Just i Pastor, donde esperaban los miembros de la Comunidad de San Egidio para venerar el manto. La siguiente parada fue en el patio del Palacio Episcopal. Allí, recibieron la bendición del arzobispo para “continuar construyendo humildemente y con actitud de servicio este tierra tan querida”, tal como pidió fray José M. Segarra.

Desnudarse de uno mismo

“Gracias por vuestra presencia y por su testimonio!”, dijo el cardenal dándoles la bienvenida, gozoso por la “visita de San Francisco”. Se refirió al manto como una reliquia “muy significativa”, por todo lo que simboliza, empezando por “desnudamiento de todo”.

“Es sencillo quitarse la ropa, pero no hacerlo interiormente, de un mismo”, aseguraba el cardenal. “Tras este manto hay una invitación de San Francisco de despojarnos de nosotros mismos. Pensar más en nuestro Señor”, dijo. Subrayó la necesidad de “ponerse a disposición de los hermanos”. “Que dispongan de nosotros y nos dejamos llevar por ellos”, dijo.

Acogida

Como segundo aspecto, destacó el sentido del manto por lo que representa la acogida y el calor que supone. “Nos recuerda el espíritu de San Francisco, de sentirse acogido dentro de la iglesia, a la que ama a través de su obispo”. Recordó como el Santo insistía en “intentar ver en él a mi señor y aquel que amo y sirvo”. “Qué humildad! Qué entereza!” exclamaba el arzobispo Omella. “Que vosotros sepáis ver en la pobreza del obispo, la persona a quien representa, Jesucristo”, añadió.

Reformar la Iglesia

Antes de despedir la comitiva, en tercer lugar, Omella instó y agradecer el espíritu franciscano, de “reformar la Iglesia según el Evangelio”. “Desde dentro reformarla, desde la humildad y la santidad”, acotaba el arzobispo. “No es construir estructuras nuevas, sino un espíritu nuevo y transformarla con la santidad”. Esto es lo que necesita la Iglesia: Santos!, los alentó Omella.

La procesión terminó en la iglesia de Santa Anna donde tuvo lugar un encuentro y un diálogo con los más pobres del Hospital de Campaña que acoge los sin techo las 24 h.

Encuentro en familia

Este encuentro de capuchinos de Europa tuvo momentos de todo tipo. Algunos de particular intensidad, como la peregrinación a Montserrat o la vigilia de oración dirigida a la familia franciscana, en la iglesia de Pompeya. Entre estos momentos, la misión por las calles de Barcelona con los jóvenes capuchinos que, con alegría y, daban a conocer el carisma franciscano y la tradición capuchina.

El encuentro que finalizó con la solemne misa de acción de gracias, a cargo del vicario general de los capuchinos el domingo, en el santuario de Pompeya.

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