«Conviértete y cree en el Evangelio»

En el miércoles de ceniza en la Catedral, el cardenal invita a vivir las tres actitudes de la Cuaresma: oración, ayuno y limosna

El 6 de marzo ha tenido lugar la celebración del Miércoles de Ceniza en la catedral de Barcelona, un acto dentro del calendario litúrgico que marca el inicio del tiempo cuaresmal. “Conviértete y cree en el Evangelio”, un día que nos recuerda nuestra limitada condición humana. Y es que el cuerpo de todos se acaba convirtiendo en polvo. Un tiempo que nos recuerda aquellos cuarenta días de Jesús en el desierto. Así, es una época de penitencia y de ayuno previa a la Pasión Muerto y Resurrección de Cristo. Es, con todo, un momento de preparación, en el que la Iglesia llama a los fieles a la conversió.

Un corazón de carne

Iniciando la Cuaresma, el cardenal Juan José Omella invita a pedir “un corazón de carne”. Este, pues, consiste en un corazón nuevo, “que ame a Dios y los hermanos”. Ha recordado, además, que el tiempo de Cuaresma tiene que ayudar “a cambiar el corazón y volver al Señor”.

“¿Y cómo andar hacia esta dirección?” – se pregunta el arzobispo de Barcelona. Así, recuerda las tres actitudes que sugiere la Iglesia para ir al encuentro del Padre y los hermanos. Estas son, pues, oración, ayuno y limosna. También, ha recordado que estas actitudes no son para vanagloriarse, sino para intimidad con el Padre, que todo lo ve. “Tu Padre, que ve en lo escondido, te lo recompensará” (Mateo 6,1-6.16-18). Como explica Omella “no nos tiene que importar el aplauso de los hermanos, sino ser sinceros con Él y decirle «Ven»”.

Un ayuno que nos entrega a los demás

El cardenal ha comentado que la Palabra de Dios es dulce como la miel. Así, rogando, “esta Palabra entra dentro de nuestro y aprendemos la enseñanza del Señor, aquello que quiere decir”. De este modo, “poder establecer este diálogo de Tú a tú, de Amigo a amigo, de hijo a Padre”.

Además, ha subrayado que “el ayuno hace desnudarnos”. Y es que, como dice, gastamos más de lo que necesitamos. Por lo tanto, propone dar la vuelta a la hoja, y pasar del “síndrome de comprar” al “síndrome de desnudarnos”, puesto que “no necesitamos nada más que Dios”. Esto iría relacionado al reducir el uso del Whats App, Internet… para tener un “tiempo de escucha”.

De este modo, lo relaciona con el tercer punto, la limosna. Una limosna que no solo tiene que ser de dinero, sino “también de solidaridad, de mi persona”.

Finalmente, el arzobispo de Barcelona ha acabado con una pequeña plegaria de san Pedro de Poveda. Esta hacía “Que piense lo que Tú quieres que piense. Que quiera lo que Tú quieres que quiera. Que hable como Tú quieres que hable. Que abra como quieres que abra. Esta es mi única aspiración”.

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