Presentació de la Missa per la pau i la concòrdia, amb ocasió dels atemptats de Barcelona i Cambrils

Basílica de la Sagrada Família, 20 d’agost de 2017

Nos disponemos a celebrar la Santa Misa para pedir por la paz y la concordia para nuestro pueblo, a la vez que recordamos y rezamos por las víctimas mortales de los atentados sufridos en Barcelona y en Cambrils. Igualmente, tenemos muy presentes a los heridos, los que ha sido dados de alta y los aún hospitalizados, y elevamos al Señor nuestra oración por ellos y por sus familiares, pidiendo por su pronta recuperación.

Han sido estos días, días de lágrimas, de muchas lágrimas, pero sobretodo de mucha humanidad. Desde el momento de los atentados, hemos podido comprobar y vivir el esfuerzo y la solidaridad de todos los ciudadanos, en todos los estamentos de nuestra sociedad y en cada persona que, desde su voluntad de cooperar, desde su cargo institucional o profesión, ha ayudado con todos los medios posibles e incluso algunos arriesgando su propia vida, para estar al lado de los afectados y paliar su sufrimiento.

Toda esta dura realidad padecida en el corazón de nuestro pueblo queremos verla transformada en una nueva situación de paz, alejada toda violencia y terror, una paz trabajada con el esfuerzo de todos por educar en favor de un nuevo estilo de convivencia que respeta y promociona los derechos humanos y vela por la dignidad de las personas, superando toda diferencia y exclusión.

En las visitas a los diferentes hospitales, hemos querido mostrar a los afectados, entre ellos familias enteras con niños y grupos de amigos, nuestra solidaridad en nombre de todos y rezar con ellos por su pronto restablecimiento, incluso visitando alguna familia de religión musulmana, también víctima del atentado, y cuyos miembros, con emoción y lágrimas, han agradecido la cercanía y la oración.

En el Evangelio leemos que Jesús nos dice con insistencia “¡no tengáis miedo!”. En la calle ha resonado estos días el grito de “¡No tenim por!”, “¡No tenemos miedo!”. La Eucaristía que vamos a celebrar nos identifica como gesto de unidad entre todos los presentes y es una llamada a vivir la plena comunión de un pueblo que no tiene miedo y quiere gozar del don de la paz que el Señor nos concede con su presencia y que estamos decididos a compartir. Dispongámonos, pues, a rezar juntos, escuchemos la Palabra que Dios nos dirige y vivamos una vez más su presencia, fuente de paz, consuelo, salud y esperanza.

+ Sebastià Taltavull Anglada
Bisbe auxiliar de Barcelona

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