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Viatge Apostòlic del Papa Benet XVI al Líban

[TRADUCCIÓ PENDENT] CRISTIANOS DE ORIENTE MEDIO: ALABAMOS VUESTRA FE LLENA DE ÁNIMO Ciudad del Vaticano, 15 de septiembre (VIS).-La basílica greco-melkita de San Pablo en Harissa acogió ayer por la tarde a Benedicto XVI que firmó allí la Exhortación Apostólica post-sinodal “Ecclesia in Medio Oriente”. La basílica forma parte de un complejo que comprende también […]

[TRADUCCIÓ PENDENT]

CRISTIANOS DE ORIENTE MEDIO: ALABAMOS VUESTRA FE LLENA DE ÁNIMO

Ciudad del Vaticano, 15 de septiembre (VIS).-La basílica greco-melkita de San Pablo en Harissa acogió ayer por la tarde a Benedicto XVI que firmó allí la Exhortación Apostólica post-sinodal “Ecclesia in Medio Oriente”. La basílica forma parte de un complejo que comprende también un seminario mayor y una “casa de los escritores” que estudian los textos sagrados y traducen en árabe los textos del magisterio. Data de 1909 como sede de la nuevamente constituida “Sociedad de los Misioneros de San Pablo”.

El Santo Padre fue recibido por el patriarca greco-melkita Su Beatitud Gregorios III Laham B.S. Después del canto de entrada, según el rito bizantino, el Papa veneró los iconos custodiados en el templo. Tras la intervención del arzobispo Nikola Eterovic, secretario general del Sínodo de los Obispos, se procedió al canto de inicio según el rito maronita.

Después de las lecturas Benedicto XVI saludó a los patriarcas, al grupo de obispos orientales y latinos, así como a las delegaciones ortodoxas, musulmanas y drusas, a los representantes de mundo de la cultura y la sociedad civil y a la comunidad greco-melkita.

“La buena convivencia del Islam y el cristianismo, dos religiones que han contribuido a crear grandes culturas -dijo el Papa- constituyen la originalidad de la vida social, política y religiosa del Líbano. Solo es posible alegrarse por esta realidad que es necesario animar. Confío este deseo a los responsables religiosos de vuestro país.

“Es providencial -prosiguió- que este acto tenga lugar precisamente en el día de la Fiesta de la Cruz gloriosa, cuya celebración nació en Oriente en el año 335, al día siguiente de la Dedicación de la Basílica de la Resurrección, construida sobre el Gólgota y el sepulcro de Nuestro Señor, por el emperador Constantino el Grande, al que veneráis como santo. Dentro de un mes se celebrará el 1.700 aniversario de la aparición que le hizo ver, en la noche simbólica de su incredulidad, el crismón resplandeciente, al mismo tiempo que una voz le decía: ‘Con este signo vencerás’”.

“Hay un vínculo inseparable entre la cruz y la resurrección, que un cristiano no puede olvidar. Sin este vínculo -subrayó el Santo Padre- exaltar la cruz significaría justificar el sufrimiento y la muerte, no viendo en ello más que un fin inevitable. Para un cristiano, exaltar la cruz quiere decir entrar en comunión con la totalidad del amor incondicional de Dios por el hombre. Es hacer un acto de fe. Exaltar la cruz, en la perspectiva de la resurrección, es desear vivir y manifestar la totalidad de este amor. Es hacer un acto de amor. Exaltar la cruz lleva a comprometerse a ser heraldos de la comunión fraterna y eclesial, fuente del verdadero testimonio cristiano. Es hacer un acto de esperanza”

“Refiriéndose a la situación actual de las Iglesias en Oriente Medio, los Padres sinodales han reflexionado sobre los gozos y las penas, los temores y las esperanzas en esos lugares de los discípulos de Cristo vivo. Toda la Iglesia ha podido escuchar así el grito lleno de angustia, y percibir la mirada de desesperación de tantos hombres y mujeres que se encuentran en situaciones humanas y materiales difíciles, que viven fuertes tensiones con miedo e inquietud, y que quieren seguir a Cristo, que da sentido a su existencia, a pesar de que muy a menudo se ven impedidos de hacerlo”.

“Al mismo tiempo, la Iglesia ha podido admirar lo que hay de hermoso y de noble en las Iglesias de estas tierras. Queridos cristianos de Oriente Medio, ¿cómo no dar gracias a Dios en todo momento por todos vosotros? (…) ¿Cómo no alabar vuestra fe llena de ánimo? ¿Cómo dejar de agradecer la llama de su amor infinito que vosotros seguís manteniendo viva y ardiente en estos lugares, que han sido los primeros en acoger a su Hijo encarnado? ¿Cómo no expresarle nuestro reconocimiento por los impulsos de comunión eclesial y fraternal, por la solidaridad humana manifestada sin cesar hacia todos los hijos de Dios?”.

“Ecclesia in Medio Oriente nos permite repensar el presente para considerar el futuro con la misma mirada de Cristo” y “quiere trazar un camino para encontrar lo esencial: la sequela Christi, en un contexto difícil y a veces doloroso, un contexto que podría hacer aflorar la tentación de ignorar u olvidar la cruz gloriosa. Ahora es precisamente cuando hay que celebrar la victoria del amor sobre el odio, del perdón sobre la venganza, del servicio sobre el dominio, de la humildad sobre el orgullo, de la unidad sobre la división. A la luz de la fiesta de hoy, y con vistas a una aplicación fructífera de la Exhortación, os invito a todos a no tener miedo, a permanecer en la verdad y a cultivar la pureza de la fe. Ese es el lenguaje de la cruz gloriosa: (…) saber convertir nuestro sufrimiento en grito de amor a Dios y de misericordia para con el prójimo; (…) de saber transformar también unos seres que se ven combatidos y heridos en su fe y su identidad, en vasos de arcilla dispuestos para ser colmados por la abundancia de los dones divinos, más preciosos que el oro. No se trata de un lenguaje puramente alegórico, sino de un llamamiento urgente a llevar a cabo actos concretos que configuren cada vez más con Cristo, unos actos que ayuden a las diferentes Iglesias a reflejar la belleza de la primera comunidad de creyentes”.

“Ecclesia in Medio Oriente ofrece elementos que pueden ayudar a un examen de conciencia personal y comunitario, a una evaluación objetiva del compromiso y del deseo de santidad de todo discípulo de Cristo. La Exhortación abre a un verdadero diálogo interreligioso basado en la fe en Dios Uno y Creador. Quiere también contribuir a un ecumenismo lleno de fervor humano, espiritual y caritativo, en la verdad y el amor evangélico”.

“La Exhortación, en todas y cada una de sus partes, quiere ayudar a cada discípulo del Señor a vivir plenamente y a transmitir realmente lo que él ha llegado a ser por el bautismo: (…) un ser iluminado por Dios, una nueva lámpara en la oscuridad inquietante del mundo(…) Este documento quiere contribuir a despojar a la fe de lo que la desfigura, de todo lo que puede oscurecer el esplendor de la luz de Cristo. La comunión es entonces una verdadera adhesión a Cristo, y el testimonio es un resplandor del Misterio pascual, que da pleno sentido a la cruz gloriosa”.

“’No temas, pequeño rebaño’ y acuérdate de la promesa hecha a Constantino: ‘Con este signo vencerás’. Iglesias de Oriente Medio, no tengáis miedo, pues el Señor está verdaderamente con vosotras hasta el fin del mundo. No tengáis miedo, pues la Iglesia universal os acompaña con su cercanía humana y espiritual. Con estos sentimientos de esperanza y de aliento a ser protagonistas activos de la fe por la comunión y el testimonio, (…) Que Dios conceda a todos los pueblos de Oriente Medio vivir en paz, fraternidad y libertad religiosa”, concluyó Benedicto XVI.

SINTESIS DE LA EXHORTACION APOSTOLICA ECCLESIA IN MEDIO ORIENTE

Ciudad del Vaticano, 15 septiembre 2012 (VIS).- Ofrecemos a continuación un resumen de los puntos centrales de la Exhortación Apostólica Post-sinodal “Ecclesia in Medio Oriente”.

PRESENTACIÓN

La Exhortación Apostólica post-sinodal “Ecclesia en Oriente Medio” es el documento elaborado por Benedicto XVI a partir de las 44 proposiciones finales del Sínodo especial para Oriente Medio, que se celebró en el Vaticano del 10 al 26 octubre 2010, sobre el tema La Iglesia Católica en Oriente Medio: comunión y testimonio. “La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma” (Hch 4, 32). El texto se divide en tres partes, además de una introducción y una conclusión.

INTRODUCCIÓN

La exhortación hace un llamamiento a la Iglesia católica en Oriente Medio para reavivar la comunión en su interior, mirando a los “fieles nativos” que pertenecen a las Iglesias Orientales Católicas sui iuris, y abriéndose al diálogo con los judíos y musulmanes. Se trata de una comunión, una unidad que hay que conseguir según la diversidad de contextos geográficos, religiosos, culturales y socio-políticos en el Oriente Medio. Benedicto XVI renueva el llamamiento a preservar y promover los ritos de las Iglesias Orientales, patrimonio de toda la Iglesia de Cristo.

PRIMERA PARTE

El Papa invita a no olvidar a los cristianos que viven en el Oriente Medio y que dan un contributo “noble y auténtico” a la construcción del Cuerpo de Cristo. Al describir la situación en la región y los pueblos que allí viven, Benedicto XVI pone de relieve dramáticamente los muertos, las víctimas “de la ceguera humana”, el miedo y las humillaciones. La Exhortación recuerda que la posición de la Santa Sede sobre los diversos conflictos en la región y la situación de Jerusalén y los Santos Lugares es ampliamente conocida. Hace un llamamiento a la conversión, a la paz, a superar todas las diferencias de raza, género y clase, y vivir en el perdón en el ámbito privado y en la comunidad.

Vida cristiana y ecumenismo. Todo este capítulo es un llamamiento a la unidad ecuménica, “que no es la uniformidad de tradiciones y celebraciones”: en un contexto político difícil, inestable y propenso a la violencia como el actual del Oriente Medio, la Iglesia se ha desarrollado en un modo verdaderamente multifacético, presentando Iglesias de antigua tradición y comunidades eclesiales más recientes. Se trata de un mosaico que requiere un notable esfuerzo para fortalecer el testimonio cristiano. La exhortación hace hincapié en la importancia del trabajo teológico y de las diversas comisiones ecuménicas y comunidades eclesiales, para que – de acuerdo con la doctrina de la Iglesia – hablen con una sola voz sobre los principales problemas morales (la familia, la sexualidad, la bioética, la libertad, la justicia y la paz). También es importante el ecumenismo diaconal, en ámbito caritativo y educativo. A continuación se enumeran algunas propuestas concretas para una pastoral ecuménica: una cierta “communicatio in sacris” (la posibilidad para los cristianos de acceder a los sacramentos en una Iglesia distinta de la propia) para los sacramentos de la penitencia, la Eucaristía y la unción de los enfermos, y un acuerdo para una traducción común del Padrenuestro en los idiomas locales de la región.

El diálogo interreligioso. Recordando los lazos históricos y espirituales que los cristianos tienen con judíos y musulmanes, se reitera que el diálogo interreligioso no nace de consideraciones pragmáticas de orden político o social, sino que se basa principalmente en los fundamentos teológicos de la fe: judíos, cristianos y musulmanes creen en un solo Dios, por lo que se espera que puedan reconocer “en el otro creyente”, un hermano que hay que amar y respetar, evitando instrumentalizar la religión en conflictos “injustificables para un verdadero creyente.” En cuanto al diálogo entre cristianos y judíos, el Papa recuerda el patrimonio espiritual común, basado en la Biblia, que contiene las “raíces judías del cristianismo”, pide a los cristianos que sean conscientes del misterio de la Encarnación de Dios y condena las injustificables persecuciones del pasado.

Para los musulmanes, el Papa usa la palabra “estima” y añade “en la fidelidad al Concilio Vaticano II”; lamenta, sin embargo, que las diferencias doctrinales hayan servido de pretexto a unos y otros para justificar, en el nombre de la religión, las prácticas de intolerancia, la discriminación, la marginación y la persecución. La exhortación también muestra que la presencia de los cristianos en Oriente Medio no es ni nueva ni casual, sino histórica: parte integrante de la región, pusieron en marcha “una particular simbiosis” con la cultura circundante y -junto a judíos y musulmanes – han contribuido a la formación de una rica cultura, propia de Oriente Medio.

En cuanto a los católicos de la región, el texto muestra que, como ciudadanos nativos de Oriente Medio, tienen el derecho y el deber de participar plenamente en la vida cívica, y no deben ser considerados ciudadanos de segunda clase. El Papa dice que la libertad religiosa -la suma de todas las libertades, sagrada e inalienable- incluye la libertad de elegir la religión que se considera la verdadera y de manifestar públicamente sus creencias y símbolos, sin poner en peligro la propia vida y la libertad personal. La fuerza y las construcciones, en materia religiosa, no son admisibles. De aquí la invitación a pasar de la tolerancia a la libertad religiosa, lo que no implica una puerta abierta al sincretismo, sino “una reconsideración de la relación antropológica con la religión y con Dios.”

Dos nuevas realidades: el secularismo, con sus formas a veces extremas, y el fundamentalismo violento que reivindica un origen religioso. La sana laicidad implica distinción y colaboración entre política y religión en el mutuo respeto, y garantiza a la política operar sin instrumentalizar la religión, y a la religión vivir sin los estorbos de los intereses políticos. El fundamentalismo religioso -que crece en el clima de incertidumbre socio-política, gracias a las manipulaciones de algunos e la insuficiente comprensión de la religión por parte de otros- quiere tomar el poder, a veces con violencia, sobre la conciencia de la gente y sobre la religión, por razones políticas. Por este motivo, el Papa lanza un llamamiento urgente a todos los líderes religiosos del Medio Oriente para que busquen, con su ejemplo y su enseñanza, de hacer todo lo posible para erradicar esta amenaza mortal que afecta por igual a los creyentes de todas las religiones.

Emigrantes: El Papa aborda una cuestión fundamental, a saber, el éxodo de los cristianos (una verdadera hemorragia), que se encuentran en una situación delicada, a veces sin esperanza, y sufren las consecuencias negativas de los conflictos, sintiéndose a menudo humillados, a pesar de haber participado, a lo largo de los siglos, en la construcción de sus respectivos países. Un Oriente Medio, con pocos cristianos o ninguno ya no sería el Oriente Medio. Por esta razón, el Papa pide a los líderes políticos y líderes religiosos que eviten las políticas y estrategias que tiendan hacia un Oriente Medio monocromo que no refleja su realidad humana e histórica. Benedicto XVI invita a los pastores de las Iglesias orientales católicas a ayudar a sus sacerdotes y sus fieles de la diáspora a mantenerse en contacto con sus familias y sus iglesias y alienta a los obispos de las diócesis que reciben a los católicos orientales a darles la oportunidad de celebrar de acuerdo con sus propias tradiciones. El capítulo también aborda el tema de los trabajadores inmigrantes -a menudo católicos de rito latino- de África, el Lejano Oriente y el subcontinente indio, que a menudo experimentan situaciones de discriminación e injusticia.

SEGUNDA PARTE

La segunda parte se ocupa de algunas de las principales categorías que componen la Iglesia Católica:

– Patriarcas: Los líderes de la Iglesias sui juris, en perfecta unión con el Obispo de Roma, hacen tangible la universalidad y la unidad de la Iglesia y como signo de comunión, sabrán reforzar la unidad y la solidaridad en el marco del Consejo de los Patriarcas católicos de Oriente y de los Sínodos patriarcales, favoreciendo siempre la concertación sobre los temas clave de la Iglesia.

– Los obispos: signo visible de unidad en la diversidad de la Iglesia entendida como Cuerpo, del cual Cristo es la cabeza, son los primeros en ser enviados a todas las naciones para hacer discípulos. Deben proclamar con valentía y defender con firmeza la integridad y la unidad de la fe, en las situaciones difíciles que, lamentablemente, no faltan en el Oriente Medio. Los obispos también están invitados a una sana, honesta y transparente gestión de los bienes temporales de la Iglesia y, en este sentido, el Papa recuerda que los padres sinodales pidieron una revisión seria de las finanzas y los bienes, para evitar la confusión entre los bienes personales y los de Iglesia. Los obispos también tendrán que vigilar para asegurar a los sacerdotes el sustento adecuado, con el fin de que no se pierdan en cuestiones materiales. La enajenación de los bienes de la Iglesia debe cumplir estrictamente las normas del derecho canónico y las disposiciones pontificias vigentes. Por último, el Papa exhorta a los obispos a la atención, en un sentido pastoral, de todos fieles los cristianos, independientemente de su nacionalidad u origen eclesial.

– Los sacerdotes y seminaristas: la exhortación hace hincapié en que los sacerdotes deben educar al Pueblo de Dios en la edificación de la civilización del amor evangélico y de la unidad y esto exige una transmisión en profundidad de la Palabra de Dios, de la tradición y de la doctrina de la Iglesia, junto con la renovación intelectual y espiritual de los sacerdotes mismos. En este contexto, es importante el celibato -don inestimable de Dios a la Iglesia-, y también el ministerio de los sacerdotes casados, antigua componente de la tradición oriental. Como servidores de la comunión, los sacerdotes y seminaristas deben ofrecer un testimonio valiente y sin sombras, tener una conducta irreprochable, y abrirse a la diversidad cultural de sus Iglesias (aprendiendo, por ejemplo, las lenguas y culturas), así como a la diversidad eclesial y al diálogo ecuménico e interreligioso.

– Vida Consagrada: el monaquismo, en sus diversas formas, nació en el Oriente Medio y dio inicio a algunas Iglesias sui iuris; las personas consagradas deben cooperar con el obispo en la actividad pastoral y misionera. Se les invita a meditar mucho tiempo y a observar los consejos evangélicos (castidad, pobreza y obediencia), porque no puede haber regeneración espiritual -de las comunidades de fieles y la Iglesia entera- sin un retorno claro y neto a la búsqueda de Dios.

– Laicos: miembros del Cuerpo de Cristo gracias al bautismo y por tanto plenamente asociados a la misión de la Iglesia universal, a los laicos el Papa confía la tarea de promover -en el ámbito temporal, que es el suyo- la sana gestión de los bienes públicos, la libertad religiosa y el respeto de la dignidad de cada persona. También se les anima a ser valientes en la causa de Cristo. Para que su testimonio realmente de frutos, los laicos deben superar las divisiones y todas las interpretaciones subjetivas de la vida cristiana.

– Familia: institución divina fundada en el sacramento del matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer (“El amor conyugal es el proyecto paciente de toda una vida”), hoy la familia está expuesta a muchos peligros. La familia cristiana debe ser apoyada en sus problemas y dificultades y debe mirar a su propia identidad más profunda, para que sea sobre todo Iglesia doméstica que educa a la oración y la fe, vivero de vocaciones, escuela natural de virtudes y valores éticos, célula fundamental de la sociedad. La exhortación reserva amplio espacio a la cuestión de la mujer en Oriente Medio y la necesidad de su igualdad con el hombre, frente a la discriminación que debe sufrir y que ofende gravemente no sólo a la mujer misma, sino también y sobre todo a Dios. El Papa pone de relieve que las mujeres deben trabajar y participar en la vida pública y eclesial. Con respecto a las controversias jurídicas en materia matrimonial, la voz de la mujer debe ser escuchada a la par con la del hombre, sin injusticias. Por esta razón, el Papa alienta a una aplicación. más saludable y justa, del derecho en este contexto, para que las diferencias jurídicas relativas a la materia matrimonial non conduzcan a la apostasía. Por último, los cristianos de Oriente Medio deben ser capaces de aplicar, ya sea en el matrimonio o en otras cuestiones, su derecho, sin restricción alguna.

– Los jóvenes y los niños: el Papa les exhorta a no tener miedo o vergüenza de ser cristianos, a respetar a los demás creyentes, judíos y musulmanes, a cultivar siempre -a través de la oración- la verdadera amistad con Jesús, amando a Cristo y a la Iglesia. De esta manera, van a ser capaces de discernir con sabiduría los valores de la modernidad útiles para su realización, sin dejarse seducir por el materialismo o alguna red social, cuyo uso indiscriminado puede mutilar la verdadera naturaleza de las relaciones humanas. Para los niños, en particular, la exhortación recurre a padres, educadores, formadores e instituciones públicas para que reconozcan los derechos de los niños desde su concepción.

TERCERA PARTE

La Palabra de Dios, el alma y la fuente de comunión y testimonio: Después de expresar gratitud a las escuelas exegéticas (de Alejandría, Antioquía) que contribuyeron a la formulación dogmática del misterio cristiano en los siglos cuarto y quinto, la exhortación recomienda una verdadera pastoral bíblica, para disipar los prejuicios o ideas erróneas que provocan controversias inútiles o humillantes. De ahí la sugerencia de anunciar un Año Bíblico, según las condiciones pastorales de cada país de la región, seguido de una Semana anual de la Biblia. La presencia cristiana en el Medio Oriente en los países bíblicos -que va mucho más allá de una simple pertenencia sociológica o de un éxito económico y cultural- reencontrando la savia de las raíces y en el seguimiento de los discípulos de Cristo, tendrá un nuevo impulso.

Liturgia y vida sacramental: Para los fieles de Oriente Medio, la liturgia es elemento esencial de la unidad espiritual y de la comunión. La renovación de las celebraciones litúrgicas y textos -en su caso- debe basarse en la Palabra de Dios y realizarse en colaboración con las Iglesias co-depositarias de las mismas tradiciones. Central la invitación a mirar a la importancia del bautismo, que permite a los que lo reciben vivir en comunión y desarrollar una verdadera solidaridad con los demás miembros de la familia humana, sin discriminación alguna por motivos de raza o religión. En este contexto, el Papa espera un acuerdo ecuménico para el reconocimiento mutuo del bautismo entre la Iglesia católica y las Iglesias con las que está en diálogo teológico, para restaurar, así, la plena comunión en la fe apostólica. La exhortación también anhela una práctica más frecuente del sacramento del perdón y la reconciliación, e insta a los pastores y a los fieles a promover iniciativas de paz, incluso en medio de la persecución.

La oración y la peregrinación: Oriente Medio es un lugar privilegiado de peregrinación para muchos cristianos que aquí puedan fortalecer su fe y vivir una experiencia profundamente espiritual. El Papa pide que los fieles tengan libre acceso, sin restricciones, a los Santos Lugares. También es esencial que la peregrinación bíblica de hoy vuelva a sus motivaciones iniciales: un camino penitencial en busca de Dios

Evangelización y caridad misiones de la Iglesia. La exhortación hace hincapié en que la transmisión de la fe es una misión esencial de la Iglesia. De ahí la invitación del Papa a la nueva evangelización que, en el contexto actual, marcado por cambios, hace al fiel consciente de su testimonio de vida: ésta refuerza su palabra cuando habla de Dios con valor y abiertamente, para anunciar la Buena Nueva de salvación. En particular, en Oriente Medio, el estudio de la evangelización teológica y pastoral tendrá que mirar en dos dimensiones, la ecuménica y la interreligiosa. Acerca de los movimientos y comunidades eclesiales, el Papa les anima a actuar en comunión con el Obispo del lugar, y de acuerdo con sus orientaciones pastorales, teniendo en cuenta la historia de la cultura, la liturgia, la espiritualidad y local, sin confusión ni proselitismo. La Iglesia católica en Oriente Medio está invitada a renovar su espíritu misionero, desafío más urgente que nunca en un contexto multicultural y multirreligioso. Un fuerte estímulo, en este sentido, puede derivar del Año de la Fe. Sobre la caridad, la exhortación recuerda que la Iglesia debe seguir el ejemplo de Cristo, que se hizo cercano a los más débiles: los huérfanos, los pobres, los discapacitados, los enfermos. Por último, el Papa saluda y alienta a todas las personas que trabajan, de modo impresionante, en los centros educativos, las escuelas, los colegios y las universidades católicas de Oriente Medio. Estos instrumentos de cultura -que debe ser apoyados por los políticos- muestran que existe, en Oriente Medio, la oportunidad de vivir en el respeto y la colaboración a través de la educación a la tolerancia.

La catequesis y la formación cristiana: el documento papal estimula la lectura y la enseñanza del Catecismo de la Iglesia Católica y una iniciación concreta a la Doctrina Social de la Iglesia. Al mismo tiempo, el Papa invita a los Sínodos y otros organismos episcopales a facilitar a los fieles el acercamiento a la riqueza espiritual de los Padres de la Iglesia y a actualizar la enseñanza patrística, complemento de la formación bíblica.

CONCLUSIONES

De un modo solemne, Benedicto XVI pide, en el nombre de Dios, a los líderes políticos y religiosos no sólo aliviar los sufrimientos de todos los que viven en el Oriente Medio, sino también eliminar las causas, haciendo todo lo posible para llegar a la paz. Al mismo tiempo, a los fieles católicos se les insta a consolidar y vivir la comunión entre ellos, dando vida al dinamismo pastoral. “La tibieza disgusta a Dios”, y por tanto los cristianos de Oriente Medio, los católicos y los demás, den testimonio de Cristo, unidos y con coraje. Se trata de un testimonio no fácil, pero emocionante.

UNA NUEVA FRATERNIDAD BASADA EN LA GRANDEZA DE LA PERSONA

Ciudad del Vaticano, 15 de septiembre 2012 (VIS).-Benedicto XVI inició esta mañana la segunda jornada de su viaje apostólico a Líbano con una visita de cortesía al presidente de la República, Michel Sleiman, en el palacio de Baabda, donde se encontró también con el presidente del parlamento, Nabih Berri y del consejo de ministros, Nagib Mikati. A continuación, siempre en el palacio de Baadba, encontró a los jefes de las comunidades religiosas musulmanas: suní, chií, drusa y alauí. El Papa entregó a las autoridades civiles y religiosas una copia de la exhortación apostólica post-sinodal “Ecclesia in Medio Oriente”.

Después, el Santo Padre, acompañado del presidente de la República plantó en el jardín presidencial un cedro del Líbano. Finalizado este acto simbólico, Benedicto XVI pronunció en el salón “25 de mayo”, un discurso ante las autoridades institucionales, el cuerpo diplomático, los jefes religiosos y los representantes del mundo de la cultura. Siguen amplios extractos:

“He pedido a Dios que os bendiga, que bendiga al Líbano y a todos los habitantes de esta región que ha visto nacer grandes religiones y nobles culturas. ¿Por qué ha elegido Dios esta región? ¿Por qué vive en la turbulencia? Pienso que Dios la ha elegido para que sirva de ejemplo, para que dé testimonio de cara al mundo de la posibilidad que tiene el hombre de vivir concretamente su deseo de paz y reconciliación”.

“Con el fin de asegurar el dinamismo necesario para construir y consolidar la paz, hay que volver incansablemente a los fundamentos del ser humano. La dignidad del hombre es inseparable del carácter sagrado de la vida que el Creador nos ha dado (…) Para construir la paz, nuestra atención debe dirigirse a la familia para facilitar su cometido, y apoyarla, promoviendo de este modo por doquier una cultura de la vida. La eficacia del compromiso por la paz depende de la concepción que el mundo tenga de la vida humana. Si queremos la paz, defendamos la vida. Esta lógica no solamente descalifica la guerra y los actos terroristas, sino también todo atentado contra la vida del ser humano, criatura querida por Dios. La indiferencia o la negación de lo que constituye la verdadera naturaleza del hombre impide que se respete esta gramática que es la ley natural inscrita en el corazón humano(…) Por tanto, debemos unir nuestras fuerzas para desarrollar una sana antropología que integre la unidad de la persona. Sin ella, no será posible construir la paz verdadera”.

“Aún siendo más evidentes en los países que sufren conflictos armados(…) los atentados contra la integridad y la vida de las personas existen también en otros países. El desempleo, la pobreza, la corrupción, las distintas adicciones, la explotación, el tráfico de todo tipo y el terrorismo comportan, además del sufrimiento inaceptable de los que son sus víctimas, un deterioro del potencial humano. La lógica económica y financiera quiere imponer sin cesar su yugo y hacer que prime el tener sobre el ser. Pero la pérdida de cada vida humana es una pérdida para la humanidad entera (…) Ciertas ideologías, cuestionando directa o indirectamente, e incluso legalmente, el valor inalienable de toda persona y el fundamento natural de la familia, socavan las bases de la sociedad. (…) Sólo una solidaridad efectiva constituye el antídoto a todo esto. Solidaridad para rechazar lo que impide el respeto de todo ser humano, solidaridad para apoyar las políticas y las iniciativas que actúan para unir los pueblos de modo honesto y justo (…) Una mejor calidad de vida y de desarrollo integral sólo es posible compartiendo las riquezas y las competencias, respetando la identidad de cada uno (…) Hoy, las diferencias culturales, sociales, religiosas, deben llevar a vivir un tipo nuevo de fraternidad, donde lo que une es justamente el común sentido de la grandeza de toda persona, y el don que representa para ella misma, para los otros y para la humanidad. En esto se encuentra el camino de la paz (…) Ahí está la orientación que debe presidir las opciones políticas y económicas, en cualquier nivel y a escala mundial”.

“Para abrir a las generaciones futuras un porvenir de paz, la primera tarea es la de educar en la paz, para construir una cultura de paz. La educación, en la familia o en la escuela, debe ser sobre todo la educación en los valores espirituales que dan a la transmisión del saber y de las tradiciones de una cultura su sentido y su fuerza (…) La tarea de la educación es la de acompañar la maduración de la capacidad de tomar opciones libres y justas, que puedan ir a contracorriente de las opiniones dominantes, las modas, las ideologías políticas y religiosas. Éste es el precio de la implantación de una cultura de la paz. Evidentemente, hay que desterrar la violencia verbal o física. Ésta es siempre un atentado contra la dignidad humana, tanto del culpable como de la víctima. Además, valorizando las obras pacíficas y su influjo en el bien común, se aumenta también el interés por la paz (…) Pensamientos de paz, palabras de paz y gestos de paz crean una atmósfera de respeto, de honestidad y cordialidad, donde las faltas y las ofensas pueden ser reconocidas con verdad para avanzar juntos hacia la reconciliación. Que los hombres de Estado y los responsables religiosos reflexionen sobre ello”.

“Debemos ser muy conscientes de que el mal no es una fuerza anónima que actúa en el mundo de modo impersonal o determinista. El mal, el demonio, pasa por la libertad humana (…) Busca un aliado, el hombre,(…)necesita de él para desarrollarse. Así, habiendo trasgredido el primer mandamiento, el amor de Dios, trata de pervertir el segundo, el amor al prójimo. Con él, el amor al prójimo desaparece en beneficio de la mentira y la envidia, del odio y la muerte. Pero es posible no dejarse vencer por el mal y vencer el mal con el bien (…) Se necesita la transformación profunda del espíritu y el corazón para encontrar una verdadera clarividencia e imparcialidad, el sentido profundo de la justicia y el del bien común. Una mirada nueva y más libre hará que sea posible analizar y poner en cuestión los sistemas humanos que llevan a un callejón sin salida, con la finalidad de avanzar, teniendo en cuenta el pasado, con sus efectos devastadores, para no volver a repetirlo. Esta conversión que se requiere es exaltante. (…) Pero es particularmente exigente: hay que decir no a la venganza, hay que reconocer las propias culpas, aceptar las disculpas sin exigirlas y, en fin, perdonar. Puesto que sólo el perdón ofrecido y recibido pone los fundamentos estables de la reconciliación y la paz para todos”.

“Sólo entonces podrá crecer el buen entendimiento entre las culturas y las religiones, la consideración sin conmiseración de unos por otros y el respeto de los derechos de cada uno. En el Líbano, el cristianismo y el Islam habitan el mismo espacio desde hace siglos, No es raro ver en la misma familia las dos religiones. Si en una misma familia es posible, ¿por qué no lo puede ser con respecto al conjunto de la sociedad? Lo específico de Oriente Medio se encuentra en la mezcla de diversos componentes. Es cierto que se han combatido, desgraciadamente es así. Una sociedad plural sólo existe con el respecto recíproco, con el deso de conocer al otro y del otro. Este diálogo es posible únicamente siendo conscientes de que existen valores comunes a todas las grandes culturas, porque están enraizadas en la naturaleza de la persona humana (…)Pertenecen a los derechos de todo ser humano. Con la afirmación de su existencia, las diferentes religiones ofrecen una aportación decisiva. No olvidemos que la libertad religiosa es el derecho fundamental del que dependen muchos otros. Profesar y vivir libremente la propia religión, sin poner en peligro su vida y su libertad, ha de ser posible para cualquiera. La pérdida o el debilitamiento de esta libertad priva a la persona del derecho sagrado a una vida íntegra en el plano espiritual. (…)La libertad religiosa tiene una dimensión social y política indispensable para la paz. Ella promueve una coexistencia y una vida armoniosa a causa del compromiso común al servicio de causas nobles y de la búsqueda de la verdad que no se impone por la violencia sino por ‘la fuerza de la misma verdad’ (…) la Verdad que está en Dios. (…) La creencia auténtica no puede llevar a la muerte. El artífice de la paz es humilde y justo. Los creyentes tienen hoy, por tanto, un papel esencial, el de testimoniar la paz que viene de Dios y que es un don que se da a todos en la vida personal, familiar, social, política y económica. No se puede consentir que el mal triunfe por la pasividad de los hombres de bien. Sería peor que no hacer nada”.

“Estas reflexiones sobre la paz, la sociedad, la dignidad de la persona, sobre los valores de la familia y la vida, sobre el diálogo y la solidaridad no pueden quedar como el simple enunciado de ideas. Pueden y deben ser vividas. Estamos en el Líbano y aquí es donde han de vivirse. El Líbano está llamado, ahora más que nunca, a ser un ejemplo. Políticos, diplomáticos, religiosos, hombres y mujeres del mundo de la cultura, os invito, pues, a dar testimonio con valor en vuestro entorno, a tiempo y a destiempo, de que Dios quiere la paz, que Dios nos confía la paz”.

Después del encuentro el Papa se trasladó a la sede del Patriarcado Católico de Cilicia de los Armenios donde fue recibido por el patriarca, Su Beatitud Nerses Bedros XIX Tamouni. Benedicto XVI bendijo la estatua del monje Hagop, que redactó el primer libro impreso en lengua armenia el “Libro de los Viernes”, publicado en Venecia en 1512. Más tarde almorzó en el refectorio de la comunidad con los patriarcas y obispos de Líbano.

EL MENSAJE DE LA RELIGION ES CONTRARIO A LA VIOLENCIA

Ciudad del Vaticano, 15 de septiembre 2012.- Durante su viaje a Líbano, el Papa ha respondido, como es habitual, a las preguntas de los periodistas que lo acompañaban en el vuelo, sobre diversos temas ligados a la situación en Líbano, y Oriente Medio.

P.- por estos días coinciden aniversarios terribles, como el del 11 de septiembre, o el de la masacre de Sabra y Chatila; en las fronteras del Líbano hay una sangrienta guerra civil, y vemos también que en otros países el riesgo de la violencia está siempre presente. Santo Padre (…) ¿Ha estado tentado de renunciar por motivos de inseguridad, o alguien le ha sugerido renunciar?

Santo Padre:Nadie me ha aconsejado renunciar a este viaje y, por mi parte, nunca he contemplado esa posibilidad, porque sé que cuando la situación se hace más difícil, más necesario es ofrecer este signo de fraternidad, de ánimo y de solidaridad. Este es el significado de mi viaje: invitar al diálogo, invitar a la paz contra la violencia, caminar juntos para encontrar la solución a los problemas.

P. Muchos católicos manifiestan su inquietud ante el crecimiento de los fundamentalismos en diversas regiones del mundo y ante las agresiones de las que son víctimas numerosos cristianos. En este contexto difícil y a menudo sangriento, ¿cómo puede la Iglesia responder al imperativo del diálogo con el Islam, sobre el que usted tanta veces ha insistido?

Santo Padre: El fundamentalismo es siempre una falsificación de la religión. Va en contra de la esencia de la religión, que quiere reconciliar y crear la paz de Dios en el mundo (…) El mensaje esencial de la religión debe ser contra la violencia, que es una de sus falsificaciones, como lo es el fundamentalismo; el mensaje de la religión debe ser la educación, iluminación y purificación de las conciencias, para hacerlas capaces de diálogo, de reconciliación y de paz.

P. En el contexto de la ola de deseo de democracia que se ha puesto en movimiento en tantos países del Oriente Medio con la llamada “primavera árabe”, dada la realidad social en la mayoría de estos países, en donde los cristianos son minoría, ¿no existe el riesgo de una tensión inevitable entre el dominio de la mayoría y la sobrevivencia del cristianismo?

Santo Padre: Diría que, de por sí, la primavera árabe es una cosa positiva: es un deseo de mayor democracia, mayor libertad, de mayor cooperación, de una renovada identidad árabe. Y este grito de libertad, que viene de una juventud más formada cultural y profesionalmente, que desea mayor participación en la vida política, en la vida social, es un progreso, algo muy positivo y acogido también por nosotros los cristianos. Naturalmente, por la historia de las revoluciones, sabemos que el grito de libertad (…) tiene siempre el peligro de olvidar(…) una dimensión fundamental de esa libertad, que es la tolerancia hacia el otro; el hecho que la libertad humana es siempre una libertad compartida, que sólo puede crecer en el compartir, en la solidaridad, en el vivir juntos, con determinadas reglas (…) Debemos hacer todo lo posible para que el concepto de libertad, el deseo de libertad, vaya en la dirección justa, para que no olvide la tolerancia, el conjunto, la reconciliación, como partes fundamentales de la libertad. Así, también la renovada identidad árabe implica – pienso – igualmente la renovación de la unidad secular y milenaria de cristianos y árabes, que precisamente juntos, en la tolerancia entre mayorías y minorías, han construido estas tierras y no pueden no vivir juntos. Por eso pienso que sea importante ver el elemento positivo de estos movimientos y hacer nuestra parte para que la libertad sea concebida en modo justo y responda a un mayor diálogo y no al dominio de unos contra otros.

P. En Siria, como hace algún tiempo en Irak, muchos cristianos se sienten forzados a dejar el país muy a su pesar. ¿Qué pretende hacer o decir la Iglesia católica para ayudar en esta situación, para detener la desaparición de los cristianos en Siria y en otros países de Oriente Medio?

Santo Padre: No sólo los cristianos huyen, también los musulmanes. Naturalmente el peligro que los cristianos se alejen y pierdan su presencia en estas tierras es grande y nosotros debemos hacer lo posible por ayudarles a permanecer allí. La ayuda esencial sería el cese de la guerra, de la violencia, que crea la huida. Por tanto, la primera acción es hacer todo lo posible para que termine la violencia y se cree realmente una posibilidad para permanecer juntos también en el futuro. ¿Qué podemos hacer contra la guerra? Digamos, naturalmente, que difundir siempre el mensaje de la paz, evidenciar que la violencia no resuelve nunca un problema y reforzar las fuerzas de paz (…) También diría que tal vez gestos de la cristiandad, jornadas de oración por Oriente Medio, por los cristianos y los musulmanes, mostrar la posibilidad de diálogo y de soluciones. Diría también que debe finalmente cesar la importación de armas, porque sin importación de armas la guerra no podría continuar. En lugar de importar armas, que es un pecado grave, deberíamos importar ideas de paz, creatividad, encontrar soluciones para aceptar a cada uno en su alteridad; debemos por tanto hacer visible en el mundo el respeto de las religiones, las unas por las otras, el respeto del hombre como criatura de Dios, el amor al prójimo como fundamento para todas las religiones. En este sentido, con todos los gestos posibles, con auxilios también materiales, ayudar para que cese la guerra, la violencia, y todos puedan reconstruir el país.

P. Además de la oración y de los sentimientos de solidaridad, ¿ve pasos concretos que las Iglesias y los católicos de Occidente, sobre todo los de Europa y América, pueden hacer para apoyar a los hermanos de Oriente Medio?

Santo Padre: Diría que debemos influir en la opinión política y en los políticos para comprometerlos realmente, con todas las fuerzas, con todas las posibilidades, con verdadera creatividad, por la paz, contra la violencia. Nadie debería esperar beneficios de la violencia, todos deben contribuir (…) Además, nuestras organizaciones caritativas deben también ayudar materialmente y hacer todo lo posible. Tenemos organizaciones como los Caballeros del Santo Sepulcro, dedicados sólo a Tierra Santa, pero también organizaciones similares podrían ayudar material, política, humanamente a estos países. Diría, una vez más, gestos visibles de solidaridad, jornadas de oración pública, estas iniciativas pueden llamar la atención de la opinión pública, ser factores reales.

EL PAPA: DIOS BENDIGA A LA COMUNIDAD ARMENIA TAN DURAMENTE PROBADA

Ciudad del Vaticano, 16 de septiembre de 2012 (VIS).-Ayer a mediodía, antes de almorzar con los patriarcas y obispos del Líbano y los miembros del Consejo Especial del Sínodo para Oriente Medio, en la sede del Patriarcado Armenio Católico de Bzommar, el Papa agradeció al patriarca S.B Nerses Bédros XIX Tarmouni y al Superior del Instituto del Clero Patriarcal su invitación.

“La Divina Providencia -dijo- ha permitido nuestro encuentro en este convento de Bzommar, tan emblemático para la Iglesia católica armenia. Su fundador, el monje Hagop, apodado Méghabard – el pecador –, es para nosotros un ejemplo de oración, de desprendimiento de los bienes materiales y de fidelidad a Cristo Redentor. Hace 500 años, promovió la impresión del Libro del Viernes estableciendo así un puente entre el oriente y el occidente cristianos. En su escuela, podemos aprender el sentido de la misión, la fuerza de la verdad y el valor de la fraternidad en la unidad. Mientras que nos disponemos a retomar fuerzas con este almuerzo, preparado con tanto amor y ofrecido generosamente, el monje Hagop nos recuerda también que la sed espiritual y la búsqueda del más allá deben siempre habitar en nuestros corazones, ya que, ¡está escrito: ‘No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca del Dios’”.

“Queridos amigos, por intercesión de los Apóstoles Bartolomé y Tadeo, y de san Gregorio el Iluminador, pidamos al Señor que bendiga la comunidad armenia, duramente probada a través de los tiempos, y que envíe a su mies numerosos obreros y santos que, por Cristo, sean capaces de cambiar la faz de nuestra sociedad, de curar los corazones desgarrados y de volver a dar ánimo, fuerza y esperanza a los abatidos. Gracias”.

ISLAM Y CRISTIANISMO PUEDEN VIVIR JUNTOS SIN ODIOS

Ciudad del Vaticano, 16 de septiembre 2012 (VIS).-El Santo Padre visitó ayer tarde el Patriarcado Maronita de Bkerké, desde 1832 sede invernal del Patriarcado Maronita de Antioquia y de todo Oriente, mientras la residencia estival se encuentra en Dimane, en el norte de Líbano. El patriarca es Su Beatitud Béchara Boutros Raï O.M.M..

El encuentro del Papa con los jóvenes libaneses y de Oriente Medio tuvo lugar en Bkerké, que se encuentra en la ladera de la colina de Harissa, dominada por el santuario de Nuestra Señora del Líbano.

“Vosotros vivís hoy en esta parte del mundo que ha visto el nacimiento de Jesús y el desarrollo del cristianismo -dijo el Santo Padre- Es un gran honor. Y es una llamada a la fidelidad, al amor por vuestra región, y especialmente a ser testigos y mensajeros de la alegría de Cristo (…) Entre los Apóstoles y los santos, muchos vivieron periodos difíciles, y su fe fue la fuente de su valor y de su testimonio. Que encontréis en su ejemplo e intercesión la inspiración y el apoyo que necesitáis”.

“Conozco las dificultades que tenéis en la vida cotidiana, debido a la falta de estabilidad y seguridad, al problema de encontrar trabajo o incluso al sentimiento de soledad y marginación. En un mundo en continuo movimiento, os enfrentáis a muchos y graves desafíos. Pero ni siquiera el desempleo y la precariedad deben incitaros a probar la ‘miel amarga’ de la emigración, con el desarraigo y la separación en pos de un futuro incierto. Se trata de que vosotros seáis los artífices del futuro de vuestro país, y cumpláis con vuestro papel en la sociedad y en la Iglesia”.

“Tenéis un lugar privilegiado en mi corazón y en toda la Iglesia, porque la Iglesia es siempre joven. La Iglesia confía en vosotros (…) necesita vuestro entusiasmo y creatividad. La juventud es el momento en el que se aspira a grandes ideales, y el periodo en que se estudia para prepararse a una profesión y a un porvenir (…) Buscad lo que es hermoso y gozad en hacer el bien (…) Abrid las puertas de vuestro espíritu y vuestro corazón a Cristo (…) Cristo os dice: ‘Salami ?-t?kum’. Aquí está la revolución que Cristo ha traído, la revolución del amor”.

“Las frustraciones que se presentan no os deben conducir a refugiaros en mundos paralelos como, entre otros, el de las drogas de cualquier tipo, o el de la tristeza de la pornografía. En cuanto a las redes sociales, son interesantes, pero pueden llevar fácilmente a una dependencia y a la confusión entre lo real y lo virtual. Buscad y vivid relaciones ricas de amistad verdadera y noble. Adoptad iniciativas que den sentido y raíces a vuestra existencia, luchando contra la superficialidad y el consumo fácil (…)Buscad buenos maestros, maestros espirituales, que sepan indicaros la senda de la madurez, dejando lo ilusorio, lo llamativo y la mentira”.

“Meditad la Palabra de Dios. Descubrid el interés y la actualidad del Evangelio. Orad. La oración, los sacramentos, son los medios seguros y eficaces para ser cristianos y vivir ‘arraigados y edificados en Cristo’ (…) En él, todos los hombres son nuestros hermanos. ‘Amaos unos a otros como yo os he amado’. En esto reside el testamento de Jesús y el signo del cristiano”.

“Por tanto, Cristo os invita a hacer como él, a acoger sin reservas al otro, aunque pertenezca a otra cultura, religión o país. Hacerle sitio, respetarlo, ser bueno con él, nos hace siempre más ricos en humanidad y fuertes en la paz del Señor (…) Vivir juntos momentos de amistad y alegría permite resistir a los gérmenes de división, que constantemente se han de combatir (..)Sed los mensajeros del evangelio de la vida y de los valores de la vida. Resistid con valentía a aquello que la niega: el aborto, la violencia, el rechazo y desprecio del otro, la injusticia, la guerra. Así irradiaréis la paz en vuestro entorno. ¿Acaso no son a los ‘artífices de la paz’ a quienes en definitiva más admiramos? (…) Y, ¿no es un mundo de paz para nosotros y para los demás lo que deseamos en lo más profundo? (…) Descubrir de verdad el perdón y la misericordia de Dios, permite recomenzar siempre una nueva vida. No es fácil perdonar. Pero el perdón de Dios da la fuerza de la conversión y, a la vez, el gozo de perdonar. El perdón y la reconciliación son caminos de paz, y abren un futuro”.

“Jóvenes libaneses, sois la esperanza y el futuro de vuestro país. Vosotros sois el Líbano, tierra de acogida, de convivencia, con una increíble capacidad de adaptación. Y, en estos momentos, no podemos olvidar a esos millones de personas que forman la diáspora libanesa, y que mantienen fuertes lazos con su país de origen. Jóvenes del Líbano, sed acogedores y abiertos, como Cristo os pide y como vuestro país os enseña”.

“Quiero saludar ahora a los jóvenes musulmanes que están con nosotros esta noche. Agradezco vuestra presencia que es tan importante. Vosotros sois, con los jóvenes cristianos, el futuro de este maravilloso País y de todo el Oriente Medio. Buscad construirlo juntos. Y cuando seáis adultos, continuad a vivir la concordia en la unidad con los cristianos. Porque la belleza del Líbano se encuentra en esta bella simbiosis”.

“Es necesario que todo el Oriente Medio, viéndoles, comprenda que los musulmanes y los cristianos, el Islam y el Cristianismo, pueden vivir juntos sin odios, respetando las creencias de cada uno, para construir juntos una sociedad libre y humana”.

“He sabido además que están entre nosotros jóvenes venidos de Siria. Quiero deciros cuanto admiro vuestra valentía. Decid en vuestras casas, a vuestros familiares y amigos, que el Papa no os olvida. Decid en vuestro entorno que el Papa esta triste a causa de vuestros sufrimientos y lutos. Él no se olvida de Siria en sus oraciones y es una de sus preocupaciones. No se olvida de ninguno de los que sufren en Oriente Medio. Es el momento en que musulmanes y cristianos se unan para poner fin a la violencia y a la guerra”,

Después del encuentro el Papa saludó en la capilla de la Asunción del palacio patriarcal, a los patriarcas católicos de Líbano.

SERVIR A LA JUSTICIA Y LA PAZ ES UNA EXIGENCIA PARA LOS CRISTIANOS Y PARA LA IGLESIA

Ciudad del Vaticano, 16 de septiembre (VIS).-El City Center Waterfront de Beirut fue escenario esta mañana de la Santa Misa celebrada por Benedicto XVI. El Waterfront es una zona costera entre el puerto turístico y el centro de la ciudad; el terreno fue recuperado del mar con los fragmentos de tierra y de escombros de los edificios del centro de Beirut demolido al final de la guerra antes de comenzar la reconstrucción.

El Santo Padre llegó a ese lugar en automóvil, procedente de la nunciatura apostólica de Harissa y recorrió en papamóvil el último tramo del trayecto, a partir del paseo marítimo de Jounieh. A su llegada fue recibido por el alcalde de Beirut que le entregó las llaves de la ciudad. Asistieron a la Santa Misa miles de fieles, las autoridades civiles libanesas y 300 obispos de Oriente Medio. La liturgia se celebró en francés, árabe y latín.

En su homilía, el Papa comentó el Evangelio de hoy que revela la verdadera identidad de Jesús. En el relato de Marcos Jesús camina con sus discípulos por la senda que conduce a los pueblos de la región de Cesarea de Filipo y les pregunta: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”

“El momento elegido para plantear esta cuestión tiene un significado -explicó el Santo Padre- Jesús se encuentra en un momento decisivo de su existencia. Sube hacia Jerusalén, hacia el lugar donde, por la cruz y la resurrección, se cumplirá el acontecimiento central de nuestra salvación. Jerusalén es también donde, al final de estos acontecimientos, nacerá la Iglesia”.

En el pasaje evangélico, después de que Pedro proclame que Jesús es el Mesías, Cristo precisa a los discípulos que el Mesías deberá sufrir y ser ajusticiado antes de resucitar. “Se percataba -dijo el pontífice- de que la gente podría utilizar esa respuesta para propósitos que no eran los suyos para suscitar falsas esperanzas terrenas sobre él. Y no se deja encerrar sólo en los atributos del libertador humano que muchos esperan”.

Jesús es “un Mesías sufriente, un Mesías servidor, no un libertador político todopoderoso. Él es siervo obediente a la voluntad de su Padre hasta entregar su vida (…) Así, Jesús va contra lo que muchos esperaban de él. Su afirmación sorprende e inquieta. Y eso explica la réplica y los reproches de Pedro, rechazando el sufrimiento y la muerte de su maestro. Jesús se muestra severo con él, y le hace comprender que quien quiera ser discípulo suyo, debe aceptar ser un servidor, como él mismo se ha hecho siervo”.

Por eso decidirse a seguir a Jesús, es “tomar su Cruz para acompañarle en su camino, un camino arduo, que no es el del poder o el de la gloria terrena, sino el que lleva necesariamente a la renuncia de sí mismo, a perder su vida por Cristo y el Evangelio, para ganarla. Pues se nos asegura que este camino conduce a la resurrección, a la vida verdadera y definitiva con Dios”. Benedicto XVI señaló en este sentido que el Año de la fe, que comenzará el próximo 11 de octubre, invita a todos los fieles a comprometerse “de forma renovada en este camino de conversión del corazón. A lo largo de todo este año, os animo vivamente, pues, a profundizar vuestra reflexión sobre la fe, para que sea más consciente, y para fortalecer vuestra adhesión a Jesucristo y su evangelio”.

El camino por el que Jesús nos quiere llevar es “un camino de esperanza para todos. La gloria de Jesús se revela en el momento en que, en su humanidad, él se manifiesta el más frágil, especialmente después de la encarnación y sobre la cruz. Así es como Dios muestra su amor, haciéndose siervo, entregándose por nosotros”.

Benedicto XVI habló a continuación de la segunda lectura en que Santiago recuerda que el seguir a Jesús, para ser auténtico, exige “actos concretos” (…) Servir es una exigencia imperativa para la Iglesia y, para los cristianos, el ser verdaderos servidores, a imagen de Jesús. (…) Por tanto, en un mundo donde la violencia no cesa de extender su rastro de muerte y destrucción, servir a la justicia y la paz es una urgencia, para comprometerse en aras de una sociedad fraterna, para fomentar la comunión. (…) Imploro particularmente al Señor que conceda a esta región de Oriente Medio servidores de la paz y la reconciliación, para que todos puedan vivir pacíficamente y con dignidad. Es un testimonio esencial que los cristianos deben dar aquí, en colaboración con todas las personas de buena voluntad. Os hago un llamamiento a todos a trabajar por la paz. Cada uno como pueda y allí dónde se encuentre”.

Pero el servicio “debe entrar también en el corazón de la vida misma de la comunidad cristiana. Todo ministerio, todo cargo en la Iglesia, es ante todo un servicio a Dios y a los hermanos. Éste es el espíritu que debe reinar entre todos los bautizados, en particular con un compromiso efectivo para con los pobres, los marginados y los que sufren, para salvaguardar la dignidad inalienable de cada persona”.

“Queridos hermanos y hermanas que sufrís en el cuerpo o en el corazón -exclamó el pontífice- vuestro dolor no es inútil. Cristo servidor está cercano a todos los que sufren (..) Que os encontréis en vuestro camino con hermanos y hermanas que manifiesten concretamente su presencia amorosa, que no os abandonará. Que Cristo os colme de esperanza”.

El Santo Padre concluyó pidiendo a Dios que bendijese al Líbano, a todos los pueblos de la querida región del Medio Oriente y les concediese el don de su paz”.

EL EVANGELIO SIGA RESONANDO EN LA REGIÓN QUE VIO LAS OBRAS DE JESÚS

Ciudad del Vaticano, 16 septiembre 2012 (VIS).-Al final de la celebración eucarística, el arzobispo Nikola Eterovic, Secretario General del Sínodo de los Obispos invitó al Santo Padre a entregar a los Patriarcas Católicos de Oriente Medio, a los Presidentes de las Conferencias Episcopales de Turquía e Irán y a diversos fieles, la Exhortación Apostólica Post-sinodal “Ecclesia in Medio Oriente”, fruto de la Asamblea especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos, celebrada en octubre del 2010 sobre el tema: La Iglesia católica en Oriente Medio, comunión y testimonio. El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma”.

Benedicto XVI manifestó el deseo que el documento sea una “guía para avanzar por los caminos multiformes y complejos en los que Cristo os precede”. “Que la comunión en la fe, la esperanza y la caridad -dijo- se fortalezcan en vuestros países y en cada comunidad para hacer creíble vuestro testimonio del solo Santo, el Dios Uno y Trino, que se ha hecho cercano a cada persona”.

“Querida Iglesia en Oriente Medio, vivifica la savia original de la salvación que se ha realizado en esta Tierra única y amada entre todas. Avanza en el seguimiento de tus padres en la fe, que abrieron con su constancia y fidelidad el camino de la respuesta de la humanidad a la Revelación de Dios. Encuentra en la esplendida diversidad de los santos, que han florecido en ti, los ejemplos y los intercesores que inspiraron tu respuesta a la llamada del Señor a caminar hacia la Jerusalén celeste, donde Dios enjugará las lágrimas de nuestros ojos Que la comunión fraterna sea una ayuda en la vida cotidiana y signo de la fraternidad universal que Jesús, el primogénito entre muchos, vino a instaurar. Y así, en esta región, que vio sus obras y recogió sus palabras, continúe resonando el Evangelio como hace 2000 años y que sea vivido hoy y siempre”, finalizó el Papa.

ANGELUS: ¿POR QUÉ TANTO HORROR? ¿POR QUÉ TANTA MUERTE?

Ciudad del Vaticano, 16 septiembre 2012 (VIS).-Después de la entrega de la exhortación apostólica el Papa pronunció unas palabras antes de rezar el ángelus invocando a María, Nuestra Señora del Líbano, “en torno a la cual se encuentran los cristianos y los musulmanes”, e implorando de la Virgen “el don de la paz para los habitantes de Siria y los países vecinos”.

“Conocéis bien la tragedia de los conflictos y de la violencia, que genera tantos sufrimientos -dijo el Papa a los presentes- Desgraciadamente, el ruido de las armas continúa escuchándose, así como el grito de las viudas y de los huérfanos. La violencia y el odio invaden sus vidas, y las mujeres y los niños son las primeras víctimas. ¿Por qué tanto horror? ¿Por qué tanta muerte? Apelo a la comunidad internacional. Apelo a los países árabes de modo que como hermanos, propongan soluciones viables que respeten la dignidad de toda persona humana, sus derechos y su religión. Quien quiere construir la paz debe dejar de ver en el otro un mal que debe eliminar. No es fácil ver en el otro una persona que se debe respetar y amar, y sin embargo es necesario, si se quiere construir la paz, si se quiere la fraternidad”.

“Que Dios conceda a vuestro país, a Siria y a Oriente Medio -exclamó- el don de la paz de los corazones, el silencio de las armas y el cese de toda violencia. Que los hombres entiendan que todos son hermanos. María, que es nuestra Madre, comprende nuestras preocupaciones y necesidades. Con los patriarcas y los obispos aquí presentes, encomiendo a Oriente Medio bajo su materna protección. Que con la ayuda de Dios nos convirtamos, trabajando con ardor por instaurar la paz necesaria para una vida armoniosa entre hermanos, no importa su proveniencia o convicciones religiosas”.

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