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Crònica de la beatificació del Papa Joan Pau II

[Mn. Jaume Aymar] Els actes de la beatificació del Servent de Déu el Papa Joan Pau II  han constituït un esdeveniment eclesial sense precedents, seguit en directe a Roma per més d’un milió de fidels i per milions de telespectadors de tot el món. El canal 33 de televisió i Ràdio Estel van retransmetre també […]

[Mn. Jaume Aymar]

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Els actes de la beatificació del Servent de Déu el Papa Joan Pau II  han constituït un esdeveniment eclesial sense precedents, seguit en directe a Roma per més d’un milió de fidels i per milions de telespectadors de tot el món. El canal 33 de televisió i Ràdio Estel van retransmetre també en directe la celebració.

Missa al Gesú

La vigília de l’esdeveniment, dissabte 30 d’abril a l’església del Gesú de Roma, el Sr. Cardenal Lluís Martínez Sistach va presidir una eucaristia en llengua catalana organitzada pel Club+Amics (Associació d’amics de Catalunya Cristiana). Hi van concelebrar mossèn Josep Maria Turull, rector del Seminari de Barcelona i els superiors mossèn Josep Serra i mossèn Andreu Oller; així com mossèn Jaume Aymar, director de Ràdio Estel i Catalunya Cristiana. Van assistir a l’altar els diaques mossèn Carles Coscolluela, que venia amb el pelegrinatge dels Amics i mossèn Joan Ramon La Parra que és a Roma estudiant teologia dogmàtica. Hi participava també un grup de seminaristes dels últims cursos. image

Hi assistiren un centenar de pelegrins. TV3 hi envià una unitat mòbil. Va proclamar la primera lectura la Sra. Glòria Renom, diputada al Parlament de Catalunya; el Salm responsorial fou cantat pel seminarista Josep Teixidor, la segona lectura la va proclamar el Dr. Josep Maria Guardiola, metge internista de l’Hospital de la Santa Creu i de Sant Pau. L’evangeli del II diumenge de Pasqua el va proclamar el diaca mossèn Coscolluela. El Sr. Cardenal a l’homilia va evocar els lligams de Sant Ignasi amb terres catalanes i es va centrar en la “joia de la fe”, una fe amb la qual es donen respostes als grans interrogants de la vida. També va al·ludir al pelegrinatge amb motiu de la beatificació tot remarcant la fidelitat de Joan Pau II a Déu fins i tot en els moments de més sofriment.

En la pregària dels fidels, llegida pel pelegrí Carles Ruíz del Club+Amics, alumne de La Salle-Bonanova, hi va ser present el record del Papa polonès i algun dels trets que van caracteritzar el seu pontificat, com l’esperit d’Assís en el diàleg interreligiós i a favor de la pau, la defensa de la vida, el vessant social, l’obertura dels països de l’Est. L’assemblea va cantar el “Crec en un Déu”, amb música del mestre Romeu. La celebració va cloure amb el cant del Virolai.

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Después de la eucaristía el Sr. Cardenal saludó a los fieles presentes, recordando que el 12 de mayo en la Catedral de Barcelona habrá una misa de acción de gracias por el nuevo beato y que el miércoles 1 de junio a las 19’30 en el aula magna de la Facultad de Teología de Catalunya se celebrará un acto académico dedicado a glosar la figura de Juan Pablo II en el decurso de la cual pronunciará una conferencia el cardenal Camillo Ruini, ex presidente de la Conferencia Episcopal Italiana y durante muchos años cardenal vicario de Juan Pablo II para a diócesis de Roma.

Vigilia en el Circo Máximo

 Al anochecer del sábado 30 de abril (20’30 a 22’30 h.) en el Circo Máximo hubo una vigilia organizada por la diócesis de Roma. Fue presidida por le cardenal Agostino Vallini, Vicario General de su Santidad para la diócesis romana. La RAI la retransmitió en directo en un programa especial. Entre las muchas intervenciones se hizo una entrevista a Mons. Rino Fisichella del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, quien visitó Barcelona hace unos meses.

La vigilia, a la que asistieron unas 200.000 personas empezó con un video que recordaba el Jubileo del Año 2.000 y el canto “Jesús Crist, you are my life”(“Jesucristo tú eres mi vida”) interpretado por el coro de la diócesis de Roma y la orquesta del Conservatorio de Santa Cecilia dirigido por Mons. Marco Frisina. A continuación, 30 jóvenes de las parroquias y capellanías diocesanas colocaron cierios encendidos ante la reproducción de la imagen de María “Salus Populi Romani”, patrona de la ciudad. Después un breve vídeo hizo revivir los últimos meses del pontificado de Juan Pablo II, marcados por el sufrimiento. Seguidamente se interpretó el canto polaco “Oh Madre de la Misericordia” e intervino Joaquín Navarro-Valls, ex director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede durante el pontificado de Juan Pablo II.

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Se proyectó un vídeo realizado por la pastoral universitaria “Mi Juan Pablo II” que introdujo el testimonio de Sor Marie Simon-Pierre, la monja francesa curada milagrosamente por intercesión del nuevo beato. A continuación intervino el cardenal Stanislaw Dziwisz, arzoispo de Cracovia y durante muchos años secretario particular de Juan Pablo II. Acabó la primera parte con el himno “Aotus tuus”, compuesto en el 50 aniversario de la ordenación sacerdotal de Juan Pablo II (1996). La segunda parte de la vigilia se abrió con el himno de Juan Pablo II “Abrid las puertas a Cristo”, seguido de la intervención del cardenal Agostino Vallini. Después se rezaron los misterios de Luz del Rosario (que Juan Pablo II había introducido en la oración popular)., en conexión directa con cinco santuarios marianos. Cada misterio iba precedido por vídeos de mensajes y homilías de Juan Pablo II. En el Santuario de Lagiewniki en Cracovia, la intención fue por los jóvenes; en el Santuario Kawekano-Bugando (Tanzania), la familia; en el Santuario de Nuestra Señora del Líbano-Harissa, la evangelización; en la Basílica de Santa María de Guadalupe de la Ciudad de México, la esperanza y la paz de las naciones; en el Santuario de Fátima, la Iglesia. Al final, Benedicto XVI en conexión a través de vídeo desde el Vaticano rezó a María con estas palabras: “Ayúdanos a dar siempre razón de la esperanza que hay en nosotros, confiando en la bondad del hombre y en el amor del Padre. Enséñanos a construir el mundo desde dentro, en la profundidad del silencio y la oración, en la alegría del amor fraterno, en la fecundidad insustituible de la cruz”. Finalizada la oración el santo Padre bendijo a los participantes.

Al acabarse la vigilia, muchos de los peregrinos jóvenes se trasladaron directamente a la Plaza de San Pedro e hicieron noche en la intemperie ala espera de la celebración del día siguiente. Los organizadores habían previsto abrir las vallas de acceso al zona adyacente a la plaza a las 5 de la mañana, cuatro horas antes del inicio de la celebración, pero se vieron obligados a abrirlas a las 2 de la madrugada ante la multitud de fieles, procedentes del mundo entero y, en especial de Polonia.

La beatificación

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La ceremonia de la beatificación tuvo lugar el domingo primero de mayo en la Plaza de San Pedro. La fecha era muy significativa ya que es la festividad de San José Obrero (Karol Wojtyla, trabajador manual dedicó su encíclica Laborem Exercens al mundo del trabajo) y también por el hecho de coincidir con el domingo segundo de Pascua, de la Divina Misericordia, (la devoción impulsada por Santa Faustina Kowalska y tan querida por Juan Pablo II quien murió la vigilia de tal día).

A pesar de las previsiones, el día se mantuvo sereno. La solemne eucaristía fue presidida por S. S. el Papa Benedicto XVI y estaba presente la práctica totalidad del Colegio Cardenalicio. Asistieron a la ceremonia 87 delegaciones oficiales entre las cuales 5 casas reales y más de 30 jefes de Estado o primeros ministros. Los príncipes de Asturias, Felipe y Leticia estuvieron acompañados por el ministro de la presidencia Ramón Jáuregui. Cataluña fue la única comunidad autónoma con representación oficial en la celebración, encabezada por la vicepresidenta de la Generalitat, Sra. Joana Ortega y el director general de asuntos religiosos Xavier Puigdollers.

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El Sr. Cardenal Lluís Martínez Sistach fue el único prelado catalán que concelebró en la beatificación, reservada a los purpurados. Los otros obispos catalanes que viajaron a Roma en esta ocasión y presenciaron la ceremonia, fueron el arzobispo de Tarragona, Mons. Jaume Pujol; el obispo de Lleida, Joan Piris; el de Vic, Romà Casanova i el de Terrassa, Josep Àngel Sáiz. El arzobispo de Urgell, Joan Enric Vives siguió la celebración entre las autoridades civiles, junto con los jefes de Estado por su condición de copríncipe de Andorra. Una multitud de más de un millón de personas que llenó la Plaza de San Pedro, la Via de la Conciliazione hasta Castillo de Sant Angello. Aunque había algunas pantallas instaladas en puntos significativos de la Ciudad Eterna, la multitud, enfervorecida, superaba todas las expectativas.

La ceremonia fue introducida a las 9 de la mañana con la oración de la corona de Sor Faustina Kowalska. La celebración empezó a las 10. El cardenal vicario de Roma, Agostino Vallini, acompañado por el postulador de la causa Mons. Slawomir Oder, presentó públicamente ante el Papa un resumen de las virtudes heróicas de Karol Wojtyla así como una biografía del Papa polaco.

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Después Benedicto XVI leyó la fórmula de la beatificación concediendo que “el venerable siervo de Dios Juan Pablo II, Papa, a partir de ahora, sea llamado beato y que se pueda celebrar su fiesta en los lugares y según las reglas establecidas por el derecho, cada año, el 22 de octubre”. La fecha se eligió por ser el aniversario del inicio de su pontificado. A continuación se descubrió un tapiz con la imagen del nuevo beato en el balcón principal de la basílica de San Pedro, mientras sonaba el himno a él dedicado y una extraordinaria ovación de los presentes.

A continuación, y en medio de un silencio impresionante, se celebró la eucaristía. Durante la homilía el Santo Padre se refirió al perfume de santidad que ya se percibía en el día del traspaso de Juan Pablo II: “El Pueblo de Dios manifestó de muchas maneras su veneración hacia él. Por ello he querido que, respetando debidamente la normativa de la Iglesia, la causa de su beatificación procediera con razonable rapidez”. El santo Padre se refirió en diversas ocasiones a María, tan venerada por su predecesor, a quien se había consagrado. “María –afirmó Benedicto XVI- no aparece en las narraciones de la resurrección de Cristo, pero su presencia está como oculta por todas partes: ella es la Madre a quien se consagró Juan Pablo II y para quien eligió su lema episcopal “Totus tuus” según la expresión de San Luis María Grignion de Montfort: Totus tuus ego sum et omnia tua sunt. Accipio Te in mea omnia. Pruebe mihi cor tuum,(“María soy todo tuyo y todo cuanto tengo es tuyo. Tú eres mi todo, oh María, déjame tu corazón”). Benedicto XVI recordó también como Juan Pablo II introdujo a la Iglesia católica en el tercer milenio a partir de la riqueza de Concilio Vaticano II, animando a los cristianos a sentirse como tales, sin miedo: “Con su testimonio de fe, de amor y de valor apostólico, acompañado de una gran humanidad, este hijo ejemplar de la nación polaca ayudó a los cristianos del mundo entero a no tener miedo de llamarse cristianos, de pertenecer a la Iglesia, de hablar del Evangelio. En una palabra: ayudó a no tener miedo de la verdad, porque la verdad es garantía de libertad. Aún más sintéticamente: nos devolvió la fuerza de creer en Cristo”.

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El Santo Padre remarcó también cómo Juan Pablo II llevó al papado “la profunda reflexión sobre la confrontación entre el marxismo y el cristianismo, centrada en el hombre. Su mensaje fue éste: el hombre es el camino de la Iglesia, y Cristo es el camino del hombre (…) Dio al cristianismo una renovada orientación hacia el futuro, el futuro de Dios, trascendente respecto de la historia, pero que incide también en la historia. Aquella carga de esperanza que en cierto modo se le dio al marxismo y a la ideología del progreso, él la reivindicó legítimamente para el cristianismo, restituyéndole la fisonomía auténtica de la esperanza de vivir en la historia con un espíritu de adviento, con una existencia personal y comunitaria orientada a Cristo, plenitud del hombre y cumplimiento de su anhelo de justicia y de paz”.

El Pontífice tuvo también un recuerdo de los 23 años en el decurso de los cuales colaboró con Juan Pablo II y evocó también los sufrimientos de Farol Wojtyla en los últimos años de su vida: “el Señor fue desnudándole de todo lentamente, sin embargo él siempre permanecía como una roca, como Cristo quería”. Acabó invocando al nuevo beato para que continúe sosteniendo desde el cielo la fe del pueblo de Dios, pidiéndole una bendición especial.

El lema “Totus tuus” ocupaba un lugar destacado en una gran pancarta de la columnata de Bernini. También en los intercolumnios había 27 `pancartas alusivas a los 27 años de pontificado de Benedicto XVI, cada una de ellas con una imagen destacada relativa al año correspondiente.

Fue emotivo el momento en que la madre Tobiana –quien asistió a Juan Pablo II hasta los últimos momentos- y la hermana Marie Simon-Pierre, curada milagrosamente por la intercesión del pontífice polaco, colocaron en un lugar destacado la reliquia del nuevo beato.

Al acabar la celebración, el Papa se dirigió al interior de la basílica de San Pedro, donde veneró los restos de Juan Pablo II. Lo mismo hicieron las autoridades y los miles de peregrinos en una cola larguísima que se prolongó hasta las cinco de la madrugada del día siguiente.

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Misa del nuevo beato

 El lunes día 2 por la mañana se celebró en la Plaza de San Pedro por primera vez la misa del nuevo beato. La solemne acción de gracias por la beatificación fue introducida por poesías y cantos dedicados a Juan Pablo II. A las 10’30 empezó la eucaristía que fue presidida por el Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado, con quien concelebró un buen número de cardenales, arzobispos, obispos y presbíteros. Al inicio de la celebración el cardenal Stanislaw Dziwisz, idirgió en italiano y en polaco unas palabras de agradecimiento a todos cuantos habían contribuido a la beatificación del Siervo de Dios, el Papa que venía de un país lejano pero que, al final, se había hecho cercano.

En la homilía el cardenal Bertone glosó el diálogo de Jesús Resucitado con Pedro, un diálogo que “escruta toda la vida del hombre” y lo puso en relación con el pontificado de Juan Pablo II: “Este diálogo de amor entre Cristo y el hombre marcó toda la vida de

Kart Wojtyla y le condujo no sólo al fiel servicio de la  Iglesia, sino también a su dedicación personal y total a Dios y a los hombres que ha caracterizado su camino de santidad”. El Secretario de Estado añadió: “todos recordamos cómo el día de su funeral, durante la ceremonia, en cierto momento el viento cerró suavemente el Evangelio colocado sobre el féretro. Era como si el viento del Espíritu hubiera querido señalar el final de la aventura humana y espiritual de Karol Wojtyla, iluminada por entero por el Evangelio de Cristo”. De nuevo, acabada la celebración, miles de peregrinos pudieron entrar en la Basílica para venerar los restos del beato Juan Pablo II.

La sepultura definitiva del cadáver del nuevo Beato en la Basílica Vaticana, en la capilla de San Sebastián, tuvo lugar de forma privada.

Muerte del Cardenal García-Gascó

La nota triste fue que el cardenal Agustín García-Gascó, arzobispo emérito de Valencia murió repentinamente el domingo en su habitación de la residencia de la Casa de acogida de Peregrinos San Juan de Ribera de las Obreras de la Cruz, cuando se disponía a participar en la beatificación de Juan Pablo II. El prelado, de 80 años, fue trasladado de inmediato al hospital de San Carlos donde los médicos sólo pudieron certificar su muerte. El Cardenal Martínez Sistach pudo visitar la capilla ardiente donde rezó ante los restos de su hermano en el colegio cardenalicio.

Otros actos

La tarde del domingo hubo una recepción en la Embajada Española de Roma a la que también fue invitado el Cardenal Martínez Sistach. Después el Sr. Cardenal y su secretario, Mn. Alfred Sabaté, cenaron con los peregrinos del Club+Amigos. El Sr. Cardenal fue objeto de un sencillo y emotivo homenaje por parte de los presentes con motivo de sus bodas de oro sacerdotales y su aniversario de nacimiento que había celebrado el día 27 de abril. El purpurado explicó algunos recuerdos personales de su relación con Juan Pablo II y exhortó a los presentes a encomendarse al nuevo beato.

 

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Preguem

Oh Déu, ric en misericòrdia, que escollíreu el beat Joan Pau II, papa, perquè guiés tota la vostra Església,m concediu-nos, als qui hem estat enfortits amb els seus ensenyaments, d’obrir confiadament els nostres cors a la gràcia salvífica de Crist, l’únic Redemptor de l’home.

Ell, que amb vós viu i regna, en la unitat de l’Esperit Sant, Déu, pels segles dels segles. Amen.

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